05/06/2026
ME DIJISTE SOLO UN AÑO…
Bien sé que no soy bueno.
Cada día lucho por no ser el mismo demonio que fui ayer.
Busco la luz a través de las buenas acciones,
aunque mis alas caídas aún brillan como negro azabache
bajo el fuego de mis propios errores.
Mi corazón, rojo intenso,
surcado por destellos oscuros,
se aferra a la vida,
se niega a morir de amor,
aunque las cicatrices intenten convencerlo de lo contrario.
A lo lejos, mis ojos todavía alcanzan a verte.
Tu partida se difumina lentamente
en esta noche encendida,
en este fuego que consume mi cuerpo,
no de castigo,
sino de pasión y anhelo.
Entonces siento una presencia,
unos brazos invisibles sosteniendo mi corazón cansado,
y mientras busco mis alas perdidas,
aquellas alas negras que alguna vez cargaron mi culpa,
comienzan a transformarse.
El azabache se viste de oro.
Pluma a pluma,
la oscuridad cede terreno a la esperanza.
Y en la distancia,
más allá de las sombras,
aparece una luz.
Una luz serena,
frente a un coco ofrecido como símbolo de destino,
de fe y de camino.
Comprendo entonces
que no se trata de dejar de ser quien fui,
sino de caminar cada día hacia quien debo ser.
Y aunque mis alas conserven memoria de la noche,
ya vuelan buscando el amanecer.