10/05/2026
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Hablar del Día de las Madres y pensar en maternidades es político. Un análisis de la estructura, el capitalismo, el patriarcado, pero sobre todo de las condiciones materiales en las que las mujeres vivimos.
Se nos exige maternar, pero no hay redes sólidas que nos sostengan; se nos tiene en un pedestal, pero este es frágil y deshumanizante.
Y entonces mi pregunta:
¿qué tan libres somos realmente?
No es solo decidir, sino todo lo que atraviesa esa elección:
la religión, el mandato social, la culpa, la precariedad, la violencia, el miedo y esta romantización constante de la maternidad que nos enseñó que sacrificarnos era el ideal de ser madre.
Si a muchas mujeres les hubieran hablado de la maternidad sin filtros, sin idealizaciones y sin convertirla en su destino, probablemente muchas habríamos tomado decisiones distintas (asi de crudo).
Y nuevamente me encuentro aquí, analizando cuántas no van ni pudieron elegir; cuántas no van a poder decidir libremente sobre sus cuerpos, sobre si quieren gestar, sobre si quieren criar o sobre cómo quieren vivir sus maternidades.
Y entonces vuelvo a lo mismo:
¿qué tan libre puede ser mi maternidad en un sistema donde tantas otras mujeres siguen sin poder elegir?
Las maternidades están atravesadas por la clase social, por el acceso o no a sus derechos, por el abandono institucional, por el trabajo no remunerado, por la carga mental y por redes de apoyo que solo juzgan y simulan.
Por eso la maternidad no puede seguir pensándose únicamente dentro de cuatro paredes y con discursos vacíos en esta fecha.
La maternidad tiene una esencia política; por lo tanto la crianza debe ser colectiva.
Pero para llegar a esto debemos romper con la idea de la “buena madre” abnegada, perfecta y que todo lo puede.
Necesitamos permitirnos ver maternidades "débiles", fuera del molde, más libres, más acompañadas y también más desobedientes. Maternidades donde las mujeres sigan siendo mujeres y no solo la etiqueta invisible.
Hoy abrazo a las madres que decidieron serlo.
A las que maternan desde la resistencia y desde el cansancio.
A las que crían solas.
A las que perdieron hijas e hijos.
A las que maternan con dolor y angustia.
Y también abrazo a las mujeres que decidieron no ser madres y que siguen resistiendo el mandato de que nuestra existencia tiene que medirse por nuestra capacidad de gestar, abonada a una etiqueta que nos exige perfección.
Porque mientras no podamos decidir todas, ninguna decisión será completamente libre.
Texto: Bruja Cósmica.