08/05/2026
EL ESPÍRITU DEL HOMBRE
para las Iglesias Locales de México.
INTRODUCCIÓN
En este último tiempo se ha dejado de enseñar o tal vez nunca se ha predicado sobre lo que es y las actividades del espíritu humano. La gran mayoría de hijos de Dios, desconocen que junto con los componentes del alma (mente, emoción y voluntad) también tenemos un espíritu, que por lo general desconocemos donde se ubica en nuestro ser.
Esta falta de conocimiento, nos impiden tres cosas trascendentales: Primero, el poder trabajar con Dios. Segundo, el control de uno mismo y tercero, la guerra espiritual contra satanás. El creyente, cristiano o hijo de Dios debe saber exactamente que hay un espíritu dentro de nosotros. Algo más allá de nuestra mente, del afecto, sensación y placer de la emoción. Algo más allá también del deseo, decisión y experiencias de nuestra voluntad.
No sólo es saber que tenemos un espíritu sino que debemos entender con precisión cómo actúa este órgano intangible: su sensibilidad, su poder, sus leyes, su trabajo. Solamente al tener este tipo de conocimiento y entendimiento, podremos andar de acuerdo con nuestro espíritu en el Espíritu y no tan solo de acuerdo con el alma, el cuerpo o la carne.
“… los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”. Romanos. 8:1 al 4.
DESARROLLO
Demos inicio diciendo que la Biblia enseña que Dios el Eterno, es el Padre de los espíritus, (Hebreos 12:9) y hasta donde sabemos, en el caso de los espíritus humanos, se encuentran en el Santo Monte de Dios en el Arriba como Piedras de Fuego, (Ezequiel 28:14).
Cuando un ser humano nace a este mundo, su espíritu y alma están “fundidos” en uno, esta es la razón por la cual desconocen la presencia de su espíritu que se encuentra amortiguado, reducido o disminuido por el PODER LATENTE DEL ALMA. Por otra parte, las personas, si son muy conscientes de las actividades de su alma.
Esta ignorancia en los cristianos continua incluso después de haber sido salvos, a pesar de haber recibido Vida espiritual, dónde hablaremos más adelante de ella. Luego entonces, esta es la razón por la cual el cristiano anda a veces según le indica su carne y otras según su espíritu. El desconocer o no darse cuenta de las exigencias, movimientos, necesidades, sentido y dirección de nuestro espíritu es lo que impide un desarrollo de la Vida espiritual en nosotros, dando oportunidad a que la existencia-vida natural del alma dirija nuestro andar, nuestro diario vivir sin ningún contrapeso.
Si como creyentes en Cristo, nos resistimos a aceptar las aseveraciones antes mencionadas podemos desviarnos con mucha facilidad de la vida espiritual. En cambio, será la ayuda de nuestra mente quien nos dirija o experiencias que emanan del poder latente del alma y voluntad cayendo en el error de considerar todo esto como espiritual.
Es por eso que, como hijos de Dios debemos echar mano de las Piedras de Humildad (Jacinto, Ágata y Amatista) y escudriñar las enseñanzas bíblicas que nos hablan de lo que es el espíritu por medio del Espíritu Santo con la finalidad de andar cada día en la guía del Espíritu en el espíritu.
Ahora bien, ¿por qué tiene que NACER DE NUEVO una persona pecadora? ¿Por qué tiene que nacer de lo alto? ¿Por qué tiene que haber una regeneración del espíritu humano? Contestamos lo siguiente, porque el hombre es un ESPÍRITU CAÍDO y todo espíritu caído para poder tener COMUNIÓN con Dios, necesita nacer de nuevo para así ser hecho nuevo.
Ezequiel. 36:26. “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros…”.
Del mismo modo que Satanás es un espíritu caído lo es el hombre, con la diferencia de que este tiene un cuerpo hecho del polvo. Satanás fue creado como un espíritu para que pudiera tener RELACIÓN directa con Dios, pero se rebeló y como diablo pasó a ser la cabeza de los poderes de las Tinieblas que robó y corrompió. Ahora, se encuentra separado de Dios, su caída dio fin a su relación debida con Dios. Esto, sin embargo, no quiere decir que Satanás no esté presente.
De igual manera, el espíritu del hombre ES todavía, pero está separado de Dios, falto de poder para estar en comunión con Él e incapaz de gobernar al alma y al cuerpo. Todo esto conlleva a que sea un hombre de la carne.
Génesis 6:3. “Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne…”.
El hombre ha degenerado hacia un ESTADO CARNAL y nada que proceda del interior de él puede devolverle a su estado espiritual. De donde concluimos que una regeneración del espíritu es absolutamente necesaria. Es únicamente Jesucristo, el Hijo de Dios mediante Su Sangre y Espíritu quien puede regenerar o darle VIDA NUEVA al espíritu del hombre.
Tan pronto como la persona cree en el Señor Jesús, por Su Palabra ha nacido de nuevo. Dios asegura darnos Su Vida Increada para que nuestro espíritu pueda volver a vivir. LA REGENERACIÓN DE TODA PERSONA QUE NACE DE NUEVO TIENE LUGAR EN SU ESPÍRITU. La Obra de Dios sin excepción, dentro del hombre, es desde el centro (espíritu) a la circunferencia (alma y cuerpo). De ahí que las Iglesias Locales de México creemos que recibimos a Cristo en el espíritu, de todo corazón y no al revés como enseñan algunas congregaciones cristianas.
Dios, primero imparte Su Vida al espíritu aletargado del hombre, puesto que fue el espíritu lo que Dios diseñó para que éste pudiera comunicarse con Él y para recibir Su Vida. Después de esto, el Plan de Dios es obrar desde el espíritu para saturar el alma y cuerpo del hombre con Su Naturaleza (2 Pedro 1:4),
Juan 3:6. “… y lo que es nacido del Espíritu (Santo), espíritu es”.
El Señor Jesús se extiende en este tema añadiendo que el hombre regenerado es todo aquel que es nacido del Espíritu, (verso 8). Es decir: Los creyentes en Cristo, son nacidos de nuevo porque el Espíritu Santo viene a ellos trayendo la Obra de la Cruz e imparte la Vida Increada de Dios a su espíritu humano. Cuando la Vida de Dios o Vida Eterna (que puede igualmente ser llamada Su Espíritu) entra en nuestro espíritu humano, éste es avivado inmediatamente de su estado caído de letargo. Lo que estaba enajenado de la Vida de Dios (Efesios 4:18) ha sido vivificado. Por tanto:
“Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está mu**to a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia”. Romanos 8:10.
Lo que heredamos por causa de Adán fue un espíritu que ha “mu**to”, mientras que lo que recibimos de Cristo en el Nuevo Nacimiento es tanto el espíritu aletargado avivado, como el Espíritu de la Vida de Dios: siendo este último algo que Adán masculino y femenino nunca tuvieron.
La Vida increada de Dios, es llamada a menudo en la Biblia “Vida Eterna”. Vida [G2222 zoé; vitalidad; la más alta vida, la vida del espíritu]. Esto es lo que recibe todo aquel que acepta a Jesucristo en su Nuevo Nacimiento. Aquí, queremos dejar muy claro que la Vida Eterna significa mucho más que un porvenir de bienaventuranza que hemos de disfrutar en el Arriba, es igualmente una forma de ACTIVIDAD ESPIRITUAL porque sin ella nadie puede conocer a Dios ni al Señor Jesucristo.
Juan 17:2-3. “…como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. (3) Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”.
Este conocimiento que es INTUITIVO en nuestro espíritu para conocer al Padre y al Hijo, lo empezamos a obtener cuando recibimos la Vida Increada de Dios. De esta manera podemos convertirnos en hombres o mujeres espirituales. El Plan y Propósito de Dios en un hombre regenerado es liberarle de todo aquello que sea de su vieja creación, porque dentro de su espíritu regenerado se encuentran todas las obras de Dios hechas para él. Una vez regenerado, el espíritu humano se aparta del pecado
1 Juan 3:9. “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios”.
Sin embargo, aunque nuestro espíritu ya tiene la Vida de Dios, todavía puede ser contaminado,
2 Corintios 7:1. “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”.
Y necesitar santificación,
1 Tesalonicenses 5:23. “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
En el ideal de Dios, queda claro que vivimos y andamos por el Espíritu, en el espíritu,
Gálatas 5:25. “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.
No importa lo que la persona conozca de Dios por medio de su cerebro, si el Espíritu Santo no ha regenerado su espíritu, todo conocimiento adquirido no será de ninguna utilidad. Si su capacidad de creer se apoya en la sabiduría terrenal, animal o diabólica de los hombres y no en la Fe y poder de Dios, entonces es meramente estimulado y afectado en el nivel del alma. No durarán mucho siguiendo a Jesucristo, puesto que no han nacido de nuevo, ya que la regeneración solo es para aquellos que creen es su corazón, Romanos 10:9 y 10.
“…que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor , y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los mu**tos, serás salvo. (10) Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”.
Por otra parte, al mismo tiempo que el Espíritu Santo otorga Vida a los creyentes en el Nuevo Nacimiento, también realiza una labor posterior de PERMANENCIA en ellos.
Ezequiel 36:26 y 27. “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, yos daré un corazón de carne. (27) Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardaréis mis preceptos, y los pongáis por obra”.
Notemos que la primera oración del texto nos hace saber que el creyente recibirá un nuevo espíritu a través de la renovación de su espíritu mu**to; la segunda parte del texto hace referencia a la permanencia del Espíritu Santo en su espíritu ya renovado. Mientras que todo creyente que ha nacido de nuevo tiene al Espíritu Santo habitando dentro de él, sin embargo la situación del Espíritu no tiene por qué ser la misma en todos los hijos de Dios: ya que en algunos, puede estar o bien contristado o gozoso, Efesios 4:30 a.
“Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios…”.
Hasta aquí, debe quedar muy claro la relación entre regeneración y revestimiento del Espíritu Santo. La paloma en el relato del fin del diluvio que no encontró lugar donde posarse sobre el mundo juzgado y que solo logró encontrarlo en la nueva creación es un tipo o figura del Nuevo Nacimiento espiritual del hijo de Dios.
Así como este nuevo espíritu emerge a través de una relación con Dios que le da Su Vida y es por ello inseparable de Él, así también, cuando se convierte en morada del Espíritu Santo, es eternamente inmutable. Son pocos los cristianos que tienen experiencias de un Nuevo Nacimiento y no desarrollan al máximo esa Nueva Vida, pero son mucho menos los que saben que desde el mismo momento en que creyeron en el Señor Jesús tienen al Espíritu Santo habitando dentro de ellos para que sea su energía, su guía y su Señor.
Es por esta razón, que muchos cristianos son lentos en su progreso espiritual pareciendo que nunca crecen. Este estado, refleja muchas veces la insensatez de la enseñanza de sus pastores.
Hasta que un hijo de Dios no abandone o deseche ese prejuicio con el que ha sido enseñado de que el “revestimiento del Espíritu Santo es tan sólo para el que es espiritual” difícilmente lograrán llevar a otros creyentes a un nivel tangible de espiritualidad.
La obra regeneradora del Espíritu Santo va más allá del hecho de redargüirnos de pecado y guiarnos al arrepentimiento y a la Fe de Dios en Su Hijo Salvador. Nos otorga con toda seguridad una nueva naturaleza que es la Naturaleza de Dios.
La Gloria singular de ésta Dispensación de Gracia es que el Espíritu de Dios entra en nosotros los que creemos para manifestar al Padre y al Hijo; por esto, debemos reconocerlo fielmente y someternos lealmente a Él. Sin importar la ignorancia de muchos cristianos al reconocer las actividades o trabajos del Espíritu Santo dentro de ellos, Dios en Su Amor nos lo ha dado.
Éste es un hecho real e inmutable, muy a pesar de que nuestra condición carnal lo pueda contradecir. Es decir, por el hecho de haber sido regenerados hemos pasado a ser hechos de manera automática templos aptos para el Espíritu Santo. Si con este entendido, reclamamos esa parte de la promesa, seremos capaces de experimentar ambas partes.
Pero si lo que hacemos es poner solo el énfasis en el Nuevo Nacimiento y estar simplemente satisfechos con la posesión del espíritu nuevo, desaprovechamos la oportunidad de tener las experiencias de una existencia-vida vigorosa, alegre y santa entre otras más y nos perderemos de muchas bendiciones de Sus Riquezas de Su Gloria (Efesios 3:16), además de que nuestra vida espiritual avanzará exponencialmente.
Con todo, los creyentes en Cristo no suelen apreciar la elevada posición que el Espíritu Santo ocupa, de tal modo que la rebajan hasta el menosprecio o indiferencia de lo que es dentro del ser, dejándose llevar a cambio por los pensamientos de su propia mente y voluntad.
El Espíritu Santo se encuentra ya en nuestro espíritu desde aquel momento en que creímos en Jesucristo como Salvador de nuestro ser. Por ello, la cuestión que tenemos ahora delante de nosotros es, si estamos dispuestos a permitirle trabajar en nuestro interior.
CONTINUARA…