10/07/2026
LA NIÑA DE GUATEMALA
La "Niña de Guatemala" es el famoso seudónimo literario de María García Granados y Saborío. Su historia es una trágica leyenda de amor no correspondido en el siglo XIX, inmortalizada por el poeta cubano José Martí en sus Versos Sencillos.
En 1877, el célebre escritor y revolucionario cubano José Martí llegó exiliado a la Ciudad de Guatemala a sus 24 años. Frecuentaba la casa del expresidente Miguel García Granados, donde conoció a su hija menor, María, una joven de 17 años destacada por su belleza y talento artístico. Ambos se enamoraron profundamente, compartiendo tertulias, poesía y paseos a caballo.
A pesar de sus sentimientos, Martí no podía corresponderle plenamente ni comprometerse con ella: estaba comprometido en secreto con Carmen Zayas Bazán, a quien había conocido en México. El poeta decidió ser honesto con María y le confesó su situación. Poco después, Martí viajó a México para casarse y regresó a Guatemala ya como un hombre casado.
El matrimonio de Martí devastó a María. Según los relatos de la época, la joven cayó en una profunda depresión. Existen dos versiones sobre su muerte el 10 de mayo de 1878: una versión histórica sugiere que se agravó de una afección pulmonar tras nadar en un río estando enferma; sin embargo, la leyenda popular e inmortalizada por Martí señala que su corazón no resistió el dolor y "murió de amor".
El profundo dolor y la culpa de Martí lo llevaron a escribir su poema número IX de los Versos Sencillos, titulado "La niña de Guatemala", que relata el triste final de la joven:
Poema
José Martí
Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.
Eran de lirios los ramos,
y las orlas de reseda
y de jazmín; la enterramos
en una caja de seda…
Ella dio al desmemoriado
una almohadilla de olor;
el volvió, volvió casado;
ella se murió de amor.
Iban cargándola en andas
obispos y embajadores;
detrás iba el pueblo en tandas,
todo cargado de flores…
Ella, por volverlo a ver,
salió a verlo al mirador;
el volvió con su mujer,
ella se murió de amor.
Como de bronce candente,
al beso de despedida,
era su frente ¡la frente
que más he amado en mi vida!
Se entró de tarde en el río,
la sacó mu**ta el doctor;
dicen que murió de frío,
yo sé que murió de amor.
Allí, en la bóveda helada,
la pusieron en dos bancos:
besé su mano afilada,
besé sus zapatos blancos.
Callado, al oscurecer,
me llamó el enterrador;
nunca más he vuelto a ver
a la que murió de amor.