12/08/2026
Aleluya
LOS CIELOS CUENTAN LA GLORIA DE DIOS
Los cielos cuentan la gloria de Dios,
y el firmamento anuncia la obra de sus manos.
Salmo 19:1
Cuando levantamos los ojos y contemplamos fenómenos extraordinarios como un eclipse, no tenemos por qué hacerlo desde el temor. Podemos hacerlo desde el asombro.
El universo no es un escenario abandonado.
El Sol, la Luna, la Tierra, sus movimientos, sus órbitas y los tiempos que podemos calcular con tanta precisión nos recuerdan que habitamos una creación extraordinariamente ordenada.
David miró hacia los cielos muchos siglos antes de que existieran nuestros telescopios y escribió: “Los cielos cuentan la gloria de Dios.”
Es como si cada amanecer, cada estrella y cada movimiento de los cielos nos dijera silenciosamente:
“Mira cuán grande es el Dios que hizo todo esto.”
Un eclipse no significa que Dios haya perdido el control. Al contrario, podemos predecirlo precisamente porque los movimientos de los cuerpos celestes siguen patrones regulares.
Y entonces pienso:
Si Dios sostiene una creación tan inmensa, ¿por qué habría de pensar que mi vida se le escapó de las manos?
El mismo Dios ante quien la inmensidad del universo parece pequeña conoce nuestro nombre, escucha nuestra oración y permanece con nosotros.
Por eso, cuando el cielo nos sorprenda, que nuestra primera reacción no sea el miedo, sino la adoración.
El eclipse pasará.
La luz volverá a mostrarse.
Y Dios seguirá siendo Dios.
Podemos descansar seguros, no porque comprendamos todo lo que ocurre sobre nuestras cabezas, sino porque conocemos a Aquel que tiene todas las cosas bajo su cuidado.
“Los cielos cuentan la gloria de Dios.”
Y nosotros podemos responder:
¡Cuán grande eres, Señor!