19/05/2026
Cuando Yakup* y su familia se mudaron a Asia Occidental, él nunca había pensado en el lenguaje de señas ni había compartido el evangelio con una persona sorda, y ciertamente nunca imaginó que dirigiría un ministerio para sordos con alcance nacional.
Pero entonces los líderes de su iglesia les pidieron un favor. La iglesia llevaba años organizando una reunión de creyentes sordos, pero ya no tenía la capacidad para ser anfitriona y dirigirla. Les preguntaron si Yakup y Cansu* podrían empezar a ser anfitriones.
“Recuerdo haber pensado: ‘Esto es realmente divertido’”, recordó Yakup. Recordaba el entusiasmo del grupo por que aprendiera el lenguaje de señas. «Un chico enseguida empezó a enseñarme vocabulario, señalando objetos y luego haciendo la seña correspondiente», contó Yakup. «Me di cuenta de lo mucho que las personas sordas desean comunicarse y ser comprendidas».
“Las personas sordas son un grupo especial. Hay mucha alegría, pero también mucho drama”, compartió Yakup. “No existen las adaptaciones adecuadas para las personas con discapacidad [en el país], por lo que muchas personas sordas tienen una educación muy deficiente y muchas de ellas no saben leer ni escribir”.
“Al mismo tiempo, los creyentes sordos sienten una admiración y asombro casi infantiles ante Jesús y sus milagros. Además, parecen percibir la voz de Dios de maneras sobrenaturales, como sueños y señales, con mayor frecuencia que otros.
Puedes leer la historia completa en el siguiente link https://www.om.org/int/stories/learning-each-other