25/03/2025
"Mi experiencia aquí ha sido un aprendizaje continuo sobre la pertenencia y el desplazamiento. ¿Qué significa para mí hablar de territorio, cultura e identidad? ¿Cómo puedo construir reflexiones a partir de la dinámica de este lugar?
Pienso en la valoración de la cultura local como un acto político y me doy cuenta, de que esta valoración tiene que venir de dentro, de las propias voces que construyen estos lugares, y no de quienes los observan desde fuera. La tierra no es neutral: es un espacio de poder, memoria y resistencia.¿Quién tiene derecho a reivindicar sus tradiciones y quién es silenciado en la construcción de estas narrativas?
Mientras escucho a la gente de aquí contar sus historias y perspectivas, veo cómo la tierra es un espacio de memoria, pero también de futuro, aprendiendo que cada mano que siembra la tierra cosechará en su interior la sabiduría de la vida. No se trata sólo de preservar las prácticas tradicionales, sino de reconocer que el campo puede ser un lugar de innovación y protagonismo en un momento en que la especulación inmobiliaria y las políticas urbanísticas tienden a marginar aún más las zonas rurales.
El campo es visto como un lugar de explotación, dónde la tierra vale, siempre y cuando produce beneficios, y donde los trabajadores viven a la sombra de un sistema que siempre los subestima en aras del progreso urbano. No se trata de una disputa entre el pasado y el futuro, sino de entender cómo coexisten y se influyen mutuamente diferentes formas de conocer, reconociendo las capas de opresión del sistema que conforman nuestras percepciones.
Aquí en Cantabria, mientras preparo la tierra y celebro fiestas locales, recuerdo los desafíos que me conectan con la lucha por la tierra en Brasil, con las disputas por la dignidad en Portugal - que son los desafíos de existir en sus propios términos y recuerdo que no puedo desistir del camino, porque como dice el escritor uruguayo Eduardo Galeano, ´´la utopía está ahí en el horizonte. Me acerco dos pasos y se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se aleja diez pasos. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso está: para que no deje de caminar´´.