05/06/2026
De la misma manera que el otro día felicitamos al ganadero por la importante corrida que echó en Las Ventas, hoy toca decirle —con la misma claridad y el mismo respeto— que la corrida ha decepcionado. No pasa nada por reconocerlo: así como la bravura emociona, la falta de ella también debe señalarse cuando corresponde.
La corrida de hoy es, en realidad, el fruto lógico de buscar la casta y la bravura. Cuando ese camino sale bien, como ocurrió el otro día, el aficionado disfruta de embestidas profundas, enclasadas y con transmisión. Pero cuando sale mal, aparecen los problemas: complicaciones, falta de ritmo, desigualdad y un conjunto que nunca terminó de romper hacia arriba. Es el precio —alto, pero necesario— de apostar por la bravura y no por la comodidad.
Lo importante ahora es que este paso atrás no haga olvidar el camino que debe seguir la ganadería. Porque si algo estaba claro en los últimos años es que en plazas de este tipo la tónica general había sido la mansedumbre y la falta de fuerzas, dos defectos que hoy, al menos, no vimos. No hubo clase, es cierto, pero tampoco vimos el bochornoso espectáculo que tantas tardes había condenado a esta casa ganadera a la indiferencia del aficionado.
Hoy faltó calidad, pero no faltó intención. Y eso, en un proyecto ganadero que quiere salir del sitio donde estaba instalado, es más importante de lo que parece. El camino hacia la regularidad pasa por equivocarse, corregir, insistir y volver a equivocarse si hace falta. Lo que no puede permitirse un ganadero es resignarse.
Por eso, más que un reproche, este texto es una invitación:
que siga trabajando, que siga buscando, que siga apostando por un toro que nos mantenga despiertos en los tendidos, que emocione, que exija y que devuelva a esta ganadería al lugar que quiere ocupar.