01/09/2026
1 Corintios 13:4–7 (NVI)
El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni presumido ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Amor: más que un sentimiento
Vivimos en una época en la que muchas personas dicen: «Ya no siento lo mismo» o «Ya no estoy enamorado/a».
Pero la Biblia nos presenta una perspectiva diferente: el amor no depende solamente de lo que sentimos, sino también de lo que decidimos hacer.
Al principio de una relación, el amor puede estar lleno de emociones, ilusión y mariposas en el estómago. Todo parece fácil. Pero con el tiempo llega una segunda etapa, donde amar requiere una decisión consciente.
Porque habrá días en los que no tendrás ganas de abrazar, escuchar, perdonar o servir. Y precisamente ahí es donde el amor verdadero comienza a demostrarse.
El amor no dice solamente: «Te quiero».
El amor pregunta: «¿Cómo puedo demostrártelo?»
Amar es escuchar cuando sería más fácil ignorar.
Es respetar cuando estamos en desacuerdo.
Es perdonar cuando hemos sido heridos.
Es cuidar incluso cuando no recibimos nada a cambio.
Es aprender a hablar el lenguaje de amor que la otra persona entiende.
A veces esperamos sentir amor para comenzar a actuar con amor, pero muchas veces ocurre al revés:
Cuando comenzamos a actuar con amor, los sentimientos vuelven a crecer.
El amor genuino no se mantiene vivo solamente con grandes momentos. Se construye en las pequeñas decisiones de cada día.
El amor es una acción antes de ser una emoción.
No podemos controlar siempre lo que sentimos, pero sí podemos decidir cómo tratamos a la persona que tenemos delante.
Para reflexionar:
Si hoy dijeras: «Ya no siento lo mismo», ¿qué pasaría si en lugar de preguntarte «¿Qué siento?», comenzaras a preguntarte:
«¿Qué puedo hacer hoy para amar mejor?»
Porque el amor verdadero no solamente se dice.
Se demuestra.