19/06/2025
EL FIN DEL MISTERIO
Jean Baptiste Willermoz, verdaderamente comisionado por el Agente Incógnito recibía los extraños cuadernos conteniendo las enseñanzas transmitidas por el Agente. En 1785, cuarenta y seis cuadernos ya le habían llegado a sus manos. El entusiasmo inicial fue decayendo después de un año. Los mensajes eran frecuentemente incomprensibles, llenos de contradicciones, y las promesas del Agente no se cumplían. Willermoz acabó sospechando de la autenticidad de los mensajes, pues dudó que; “un intermediario del ser empíreo fuese tan ignorante a tal punto como para preocuparse por cuestiones masónicas y hasta por pequeños problemas de las logias”. Willermoz nada sabía sobre la calidad de aquel o de aquella que, por medio de la escritura automática, recibía los mensajes. A fin de poner en claro sobre la actitud que debía tomar. Escribió a Mdle. Rochette. Ella, feliz, por constatar que no había sido olvidada, propuso a Willermoz colaborar con el Agente para ayudar a canalizar mejor su inspiración. Según Alice Joly, es probable que, con la confrontación, Mdle. Rochette intentase eliminar a un rival y tomar de nuevo el lugar que el Agente le había usurpado. El Agente, que deseaba mantenerse Incógnito, después de muchas reticencias, aceptó revelarse y, en abril de 1787, el misterio se esclareció. El agente se presentó a Willermoz. Se trataba de una mujer. Mme de Vallière, Marie-Louise de Monspey, Baronesa de Remiremont. Ella era hermana de Alexandre de Monspey, un magnetizador muy conocido en Lyon y además era Ellu Cohen. La máscara había sido retirada y Jean Baptiste Willermoz, probablemente decepcionado, aceptó los consejos de Mdle. Rochette para canalizar mejor al Agente.
Algunos meses más tarde, en octubre de 1788, Willermoz, probablemente sintió que estaba en camino de un impase y, convocó una reunión con los miembros de la "Sociedad de los Iniciados". Expuso sus dudas y prefirió retirarse de la dirección del grupo. En cuanto a Saint Martin, no se había dejado engañar por mucho trompo y partió en busca de nuevos horizontes, confortado por la tendencia de que lo maravilloso y espectacular no acostumbra coligarse con el verdadero trabajo místico. Sea como fuere, el episodio mediante el cual los martinistas lioneses se ilusionaron con el magnetismo fue perjudicial para los proyectos de Willermoz y probablemente contribuyó para desorganizar la Orden de los C.B.C.S. que mal había sido formada.
En cuanto al Agente Incognito, continuó su trabajo aún bajo el régimen del terror, pero la “Sociedad de los Iniciados” se fue dispersando progresivamente. Después de la muerte de Paganucci en 1787, fue Jean-Luc Périsse-Duluc quien se volvió depositario de los cuadernos del Agente. En 1800 después de la muerte de este último, los documentos regresaran a las manos de Willermoz, quien los clasificó cuidadosamente, asegurándose de que en ninguna parte apareciese el nombre de quien había servido como Agente Incógnito. El propio Papús ignoraba todos los detalles de esos hachos, pues fue hasta 1938 cuando Alice Joly descubrió el nombre que se ocultaba tras el Agente Incógnito; Madame de Vallière de Mospey. El libro que Alice Joly publicó en 1939; “Un místico lionés y los secretos de la Francmasonería”, contiene más detalles sobre este episodio. Continuará...