06/10/2026
Sin geodiversidad no hay carbono forestal: lo que el suelo esconde
Hoy, 6 de octubre, se celebra el Día Internacional de la Geodiversidad, proclamado por la UNESCO en 2021. Y aunque suene a un tema solo de geólogos, es la puerta de entrada perfecta a uno de los temas que más nos van a ocupar este mes en Selviaula: el carbono forestal.
La geodiversidad —la variedad de rocas, minerales, suelos y procesos geológicos de un territorio— es, literalmente, la base física sobre la que se sostiene toda la biodiversidad. Pero hay algo menos conocido: también determina cuánto carbono puede almacenar un bosque, y no precisamente en los árboles.
🌲 Cuando pensamos en carbono forestal, solemos imaginar troncos y copas. Pero en muchos ecosistemas, el mayor almacén no está en el aire ni en la madera: está bajo nuestros pies. El carbono orgánico del suelo puede superar, con creces, al almacenado en toda la biomasa aérea de un bosque.
🪨 ¿Y de qué depende esa capacidad del suelo? De su geodiversidad:
El tipo de roca madre y su velocidad de meteorización condicionan la profundidad y textura del suelo que se forma.
Un suelo profundo y bien estructurado sobre un sustrato favorable puede retener carbono de forma estable durante siglos.
Un suelo fino, sobre roca dura y con escasa meteorización, apenas tiene capacidad de almacenarlo —por mucho bosque que crezca encima.
En otras palabras: dos bosques con la misma especie, la misma edad y la misma gestión pueden tener capacidades de almacenamiento de carbono radicalmente distintas si se asientan sobre geologías diferentes.
Y esto es solo el principio: en las próximas semanas hablaremos de cómo se mide, se gestiona y se pone en valor ese carbono forestal —desde plataformas de créditos como CABIDA Subastas de carbono hasta su relación con los incendios—. Pero antes de entrar ahí, nos parecía justo empezar por la base: el suelo, y la geodiversidad que lo hizo posible.
Cuidar la geodiversidad no es solo cuidar el paisaje. Es cuidar, literalmente, los cimientos del carbono forestal.