17/07/2025
¿De verdad estamos en 2025?
Porque a veces parece que seguimos atrapados en un bucle de odio, repitiendo los mismos discursos que se escucharon en 1939 y llevaron al mundo al abismo, sentenciado a miles de personas a la muerte.
La propaganda ra***ta vuelve a campar a sus anchas. Goebbels estaría orgulloso de la eficiencia de tanta propaganda ra***ta y xenófoba. Pero no estamos en 1939, ni en la Alemania N**i; ocurre aquí, en España, en pleno siglo XXI. En barrios, plazas, medios y redes.
Es indignante que, en una democracia, se permitan actos tan miserables y que sus promotores sigan impunes, difundiendo bulos, mentiras y discursos de odio sin consecuencias.
Sí, sabemos quiénes son. Sabemos cómo operan. Usan pseudomedios y altavoces disfrazados de “opinión” para sembrar miedo y división. Y lo hacen con total descaro. Vivimos en la era de Trump, Netanyahu, Milei y Ayuso. Todo esto ya suena rutinario, y eso es lo más peligroso: la normalización del odio.
Pero el verdadero problema es nuestro silencio. Ese silencio que nos hace cómplices. Ese silencio que deja crecer el odio en un terreno fértil sembrado de fascismo, racismo y xenofobia.
Cuando se lincha a todo un grupo humano, señalando su origen étnico y cultural por el delito de unos individuos, volvemos a la Edad Media. Como en las cacerías de brujas, solo que ahora el fuego lo encienden con hashtags y titulares.
Frente a este tsunami global de odio, necesitamos levantar todas las voces posibles para que los derechos humanos no sean solo un eslogan. Para que quienes propagan odio respondan ante la ley. Para que el racismo y el fascismo no tengan lugar en nuestras calles ni en nuestras vidas.
Si sobra alguien o algo de nuestros barrios no son las personas migrantes, en nuestros barrios sobra el racismo, en nuestros barrios sobra el fascismo!! Y entre todos tenemos que sacarlo fuera, de una vez y para siempre.