06/06/2020
POR QUÉ DEMOSTRAR QUE ESTAMOS AGRADECIDOS
“Muéstrense agradecidos” (COL. 3:15).
CANCIÓN 46 Gracias, A Jehová Dios
AQUELLOS diez hombres tenían lepra y se sentían desesperados. Habían oído que Jesús, el Gran Maestro, era capaz de curar cualquier enfermedad y estaban convencidos de que también podía curarlos a ellos. Así que, cuando un día lo vieron de lejos, le dijeron a gritos: “¡Jesús, Instructor, ten misericordia de nosotros!”. Él escuchó su súplica y los curó por completo a los diez. Seguro que todos estaban muy agradecidos por lo que había hecho por ellos. Pero solo uno se lo demostró con palabras. Aquel hombre, que era samaritano, se sintió motivado a dar alabanza a Dios en voz alta (Luc. 17:12-19).
Igual que aquel hombre, sin duda deseamos expresar nuestro agradecimiento a quienes hacen cosas buenas por nosotros. Sin embargo, puede que a veces olvidemos demostrarlo con palabras o acciones.
En los mensajes de Jesús a algunas congregaciones de Asia Menor, él expresó su reconocimiento por la labor de sus seguidores. Por ejemplo, comenzó el mensaje a la congregación de Tiatira con estas palabras: “Conozco tus hechos, y tu amor y fe y ministerio y aguante, y que tus hechos recientes son más que los de antes” (Ap. 2:19). No solo dijo que habían aumentado su actividad, sino que los felicitó a todos por las cualidades que motivaban su buen trabajo. Es verdad que tuvo que corregir a algunos cristianos de esta congregación, pero aun así comenzó y terminó su mensaje con palabras de ánimo (Ap. 2:25-28).
En este artículo, veremos por qué es importante que seamos agradecidos. También repasaremos el caso de varios personajes bíblicos que lo fueron y el de otros que no lo fueron. Luego, mencionaremos maneras concretas de demostrar nuestro agradecimiento.
El apóstol Pablo por decir un ejemplo valoraba a sus hermanos y lo demostraba en lo que decía sobre ellos. Por ejemplo, siempre le daba las gracias a Dios por ellos en sus oraciones personales. Y en las cartas que les envió puso por escrito cuánto los apreciaba. Veamos un caso. En Romanos 16:1-15, mencionó por nombre a 27 cristianos. Recordó, por ejemplo, que Prisca y Áquila habían arriesgado “su propio cuello” por él y dijo que Febe fue “defensora de muchos”, entre los que se encontraba él mismo. De modo que Pablo les dedicó palabras de elogio a aquellos queridos hermanos que tanto se esforzaban y lo admiraban.
Él sabía que sus hermanos eran imperfectos. Aun así, en la conclusión de la carta a los cristianos de Roma se centró en sus buenas cualidades. Así que, cuando la carta se leyó a la iglesia, aquellos hermanos debieron sentirse muy felices al escuchar lo que Pablo decía sobre ellos. Y seguro que su amistad con él se fortaleció. ¿Somos nosotros como Pablo y les damos con frecuencia las gracias a los hermanos de la congregación por lo que dicen y hacen?
PERSONAJES BÍBLICOS QUE NO DEMOSTRARON SU AGRADECIMIENTO
Tristemente, algunos personajes de la Biblia no demostraron gratitud. Veamos el caso de Esaú. Aunque sus padres amaban y respetaban a Jehová, él no valoraba las cosas sagradas (lea Hebreos 12:16). ¿Cómo demostró esta actitud? Se apresuró a vender su derecho de primogénito a su hermano menor, Jacob, por un simple plato de lentejas (Gén. 25:30-34). Más tarde, lamentó lo que había hecho y se quejó con amargura por no recibir la bendición que le correspondía como primogénito. Pero no tenía motivos para quejarse, pues había demostrado que no valoraba lo que tenía.
Los israelitas tenían muchas razones para demostrar su agradecimiento. Dios había traído diez plagas sobre Egipto para liberarlos de la esclavitud. Y, poco después, les había salvado la vida aniquilando al ejército egipcio en el mar Rojo. Ellos se sintieron tan agradecidos que le dedicaron a Dios una canción de victoria. Pero ¿cuánto les duró la gratitud?
En cuanto se toparon con nuevas dificultades, olvidaron todo lo que Dios había hecho por ellos y demostraron su falta de agradecimiento (Sal. 106:7). La Biblia dice que “toda la asamblea de los hijos de Israel empezó a murmurar contra Moisés y Aarón”, lo que significaba murmurar contra Jehová mismo (Éx. 16:2, 8). Él quedó tan decepcionado con ellos que más adelante dijo que toda aquella generación moriría en el desierto, con la excepción de Josué y Caleb (Núm. 14:22-24; 26:65). ¿Cómo podemos evitar estos malos ejemplos y copiar los buenos? Veamos.
POR QUÉ DEBEMOS DEMOSTRAR QUE ESTAMOS AGRADECIDOS
Jehová nos pone el ejemplo en demostrar agradecimiento. Lo hace, entre otras maneras, recompensando a los que lo agradan (2 Sam. 22:21; Sal. 13:6; Mat. 10:40, 41). Y la Biblia nos manda: “Háganse imitadores de Dios, como hijos amados” (Efes. 5:1). Así que una razón importante para demostrar que estamos agradecidos es que deseamos ser como Jehová Dios.
Una segunda razón puede explicarse con este ejemplo. El agradecimiento es como una buena comida, que se disfruta más cuando se comparte. Sentir el agradecimiento de otros nos hace felices a nosotros. Pero expresar el agradecimiento que sentimos hace felices a los demás. ¿Por qué? Porque se dan cuenta de que sus esfuerzos por ayudarnos o por darnos algo que necesitábamos valieron la pena. Como consecuencia, nuestra amistad con ellos se hace más fuerte.
POR QUÉ ES IMPORTANTE LA GRATITUD
La gratitud no solo nos hace sentir bien. Adoptar el hábito de la gratitud también puede ser bueno para nosotros. Como ocurre con otras emociones positivas, sentirnos agradecidos habitualmente puede tener un gran impacto en nuestras vidas y de los demás también.
CONCLUSIÓN
Las palabras de agradecimiento son algo muy valioso. La Biblia dice: “Como manzanas de oro en entalladuras de plata es una palabra hablada al tiempo apropiado” (Prov. 25:11). ¿Verdad que una manzana de oro con adornos de plata sería muy hermosa? Y, desde luego, tendría mucho valor. ¿Cómo nos sentiríamos si nos hicieran un regalo así? Pues bien, dedicarle a alguien unas palabras de gratitud puede ser igual de valioso. Además, tal como nosotros atesoraríamos una manzana de oro durante mucho tiempo, es posible que la persona a la que le damos las gracias atesore nuestras palabras durante el resto de su vida.