20/07/2024
EL SANTIAGO DE FIGUERUELA DE ABAXO
En la memoria de los mozos más veteranos de los pueblos de la contorna sigue el nueso Santiago.
Miguel Ángel Ferrero Domínguez, del cercano (en todos los sentidos) Moldones, y autor de la admirable recopilación de “Palabras, frases y dichos de la tierra de Aliste”, nos regala sus recuerdos del Santiago de los 60 del siglo pasado.
Como dice en su relato, actualmente la fiesta más gorda se celebra el 18 de agosto conocida como “la de la juventud” pero, a un nivel más íntimo y familiar, seguimos, el 25 de julio, con la joldria del Santiago.
EL DIA DE SANTIAGO EN LA DÉCADA DE LOS 60, EN ALISTE
Allá por la década de los 60, la festividad de Santiago Apóstol tenía una especial significación en toda la Comarca de Aliste que raya con Portugal.
Esta festividad, tenía su máxima expresión en el pueblo de Figueruela de Abajo. Cuando en los demás pueblos de la zona, en el día de su patrón, el baile se hacía con “los Cayetanos” de Riomanzanas, o con el “Alto falante”, (Altavoz tipo campana), que instalaba Bernardino, (El que tenía tienda y estanco en la carretera que une las dos Figueruelas), en Figueruela de Abajo ya contrataban grupos musicales que eran lo mas “moderno” para la época, tales como: Los Unys, Los Pass o los Copapeales. Esta fiesta, fue perdiendo poco a poco su esplendor, y al igual que pasó con la de Moldones, y la de otros pueblos de Aliste, también se cambió de fecha, con motivo de la masiva emigración que se desarrolló en el final de la década, y actualmente se celebra el día 18 de agosto
En las fechas anteriores a esta fiesta, por la zona de Aliste, se estaba en plena “segada”, que así se denominaba a la faena de segar y “amornalar” el trigo y el centeno. A los jovenzuelos y jovenzuelas, (El lenguaje inclusivo que no falte), que todavía no “servían” para segar ni “ajuntar” los manojos, se le asignaba una labor que consistía en “apañar” las espigas que se quedaban tiradas en el rastrojo después de haber atado las gavillas, y hacer con ellas una especie de “ramo”, con la promesa de que te darían unas pesetas para asistir a la fiesta del Santiago en Figueruela de Abajo. Recuerdo que mi tío Federico tenía una especial habilidad para “Afestajar” estos ramos, atándolos con las “purretas” de las propias espigas, que quedaban tan perfectos, que no tenían nada que envidiar a un florido ramo de novia. Estos “ramos” se le echaban a las gallinas, que, en poco rato, daban buena cuenta de ellos.
En Moldones también se celebraba Santiago Apóstol, con misa solemne, procesión y repique de campanas, y supongo que también habría ese día comida extraordinaria. Hay que tener en cuenta que Santiago Apóstol es el Patrón de España.
Por la tarde, los mayores y los mozalbetes, en varios “tagayos”, emprendían el camino en dirección a “Firuela”, andando, por supuesto. Al principio de los 60 se iba por Valtalera y se entraba a Figueruela por la “punta abajo el pueblo”, posteriormente ya hicieron una pista por el paraje denominado “Peña Llagona”, que una vez superado el alto del “Barreiro” te llevaba directamente a la plaza donde estaban los puestos de los feriantes y un par de remolques de tractor, donde más tarde se colocaba la orquesta.
Los mayores iban a comprar las “manadas” de las plantas de repollo y algunas “chirucas” y los rapaces, con las pesetas que te daban por apañar las espigas y la propina de los abuelos, para comprar alguna de la “chucherías” que vendían en los pocos puesto que se instalaban en la plaza. ¡Si no comprabas una “cayata” de caramelo, una pelota de las que llevaban una goma para hacer como de “yo-yo” y una “cuchilla” de “restrallo”, no había merecido la pena la caminata!
Como la tarde daba para mucho, lo habitual era que la gente se diera una “revolada” por Figueruela de Arriba. Allí había dos comercios cuya visita era obligada: La Fábrica, ubicada al final del pueblo, cerca del cementerio o la tienda de Martín, conocido popularmente por el apodo de “gafas”, (no hace falta explicar los motivos de tal apelativo). Ubicada en el centro del pueblo, donde hoy está el pub “Chencho”, este comercio era como “un todo a 100” de la época: Era mercería, zapatería, ferretería y tienda de comestibles. Estaba regentado por la mujer de Martin, llamada Ascensión, que se desenvolvía con gran habilidad por entre las múltiples estanterías que poblaban la estancia. Si ibas a La Fábrica, nada más empujar la puerta sonaban unas “esquilas” e inmediatamente salía “El jefe”, Esmeraldo, con su bigotín perfectamente arreglado, o su mujer, La Colina. Tenían como sirvienta a una moza de Mahíde llamada Lucía, que era “chica para todo”. Según los corrillos de la época, parece ser que allí también saltaban chispas como en la fragua del Ti Pedro de Moldones y hasta aquí puedo leer.
Muy temprano, con toda la “calorina” de la tarde, ya empezaba el baile, con los clásicos pasodobles de Manolo Escobar: La morena de mi copla, La minifalda o Viva el vino y las mujeres y los éxitos, como: “No sé, no sé” de Rumba tres, o “Vete” de los Amaya. Estos bailes juntaron a más de una pareja de los distintos pueblos de la zona. Recuerdo una, ella de Figueruela de Abajo y él de Villarino, que cuando tocaban una canción lenta, echaban más chispas que los “cuetes” que tiraban los mozos durante la procesión del Santo ¡Ahí lo dejo!
Como había que hacer un alto para cenar, antes de iniciar la sesión de baile nocturna, los mozos de Moldones, (no puedo asegurar que también lo hicieran las mozas), se juntaban en alguna de las cantinas que había en el pueblo, unas veces en “Ca del Ti Nicolas” y otras en “ca del Ti Vicente”, donde les preparaban una cena “latina”, sí, a base de latas y algunas ensaladas, (No faltaba el escabeche, las sardinas, los mejillones, o el pulpo). Recuerdo un año en que yo organicé también una cena “latina” para aquellos que no teníamos todavía la “categoría” de mozos, en “Ca del Ti Valentín”, (Conocido popularmente como “el de los polvos”), sí, no penséis mal, no era por lo que os estáis imaginando, es que aparte de vino y otras bebidas, vendía una gran variedad de polvos para teñir la ropa.
Una vez finalizada la sesión de baile nocturno, había que regresar al pueblo, caminando igual que a la ida, pues al día siguiente, día de Santa Ana, había que “dar el callo” ya que en esa fechas se estaba en plena faena del acarreo y sobre todo había que plantar las “manadas” de repollo compradas el día anterior, antes de que se pusieran mustias y con las orejas “gachas”, y el trabajo no era “moco de pavo”, daba igual que tuvieras que llevar el agua desde una fuente a doscientos metros o que la sacaras de un pozo, con una polea, una soga y una “herrada” de zinc. Esta operación había que repetirla todas las mañana durante 5 o 6 días, hasta que ya los repollos tenían las hojas “guichas”, momento en el que ya se abandonaban a su suerte para que sobrevivieran por sí mismo.
Sobre el viaje de regreso de los mozos y mozas al pueblo, hay bastantes anécdotas que contar, casi todas motivadas por que el vino de las parras de las Llungueiras o de La Barrancona, ingerido durante las cena, al que había que añadir algún que otro cubata, ya empezaba a hacer efecto, (los mozos de Moldones aún no habían inventado la moda de beber cubata por un cubo de plástico con la ayuda de un embudo). Recuerdo una “historia” de un mozo que decidió espantar “la moña” quedándose a dormir en un “frejonal”, a la salida de Figueruela, y que se despertó al amanecer, cuando una mujerica destapó la poza para regar “el cantero” de fréjoles por el pie y el “chote” de agua tropezó con el espinazo del dormilón. No se sabe quién se asustó más, si el que recibió la “caricia” del agua fresca, a hora tan temprana, o la mujer que vio como un “fantasma” salía de entremedio del “frejonal”, tirando unos “pioulos” y gritando algún “me caguen” o algún “redios”.
Y así entre calores, “jeiras” varias, fiestas y bailes, el verano iba avanzando, inexorablemente hacia su final.
En Madrid a 20 de julio de 2024
Miguel Ángel Ferrero Domínguez