11/05/2026
Mientras Sant Joan de Déu proyecta una imagen de excelencia e innovación internacional, muchas familias denuncian otra realidad: opacidad, dificultades para acceder a documentación médica, contradicciones y ausencia de mecanismos efectivos de control.
Construyen una imagen impecable basada en innovación y marketing, mientras las familias que intentan reclamar se encuentran:
-expedientes eternos,
-organismos que se pasan la pelota,
-documentación incompleta,
-sanciones mínimas,
-sensación de impunidad.
En los últimos años, han construido una imagen pública basada en la innovación, la investigación y la excelencia médica. Nuevos edificios, tecnología avanzada, campañas solidarias, titulares en prensa y proyectos internacionales forman parte de un relato cuidadosamente construido que transmite confianza y prestigio.
Pero existe otra realidad de la que apenas se habla.
La realidad de muchas familias que, cuando surgen problemas médicos y posibles negligencias, cuando intentan comprender exactamente qué ha ocurrido con sus hijos, se encuentran atrapadas en un laberinto administrativo, documental y emocional del que es extremadamente difícil salir.
Denuncian falta de transparencia, falta de claridad de la información.
Se quejan de falta de capacidad de este hospital de responder de forma honesta cuando una familia pide explicaciones.
Y ahí es donde muchas familias empiezan a descubrir una realidad completamente distinta.
-Historias clínicas incompletas.
-Documentos difíciles de localizar.
-Versiones contradictorias.
-Respuestas ambiguas.
-Peticiones que se alargan durante meses.
-Organismos que se remiten unos a otros sin ayudar a los pacientes afectados (menores de edad!).
-Y sanciones administrativas mínimas que generan una profunda sensación de impunidad.
Mientras la imagen pública proyecta humanidad y cercanía, muchas familias describen sentirse solas, desgastadas y emocionalmente devastadas intentando acceder a información que legalmente debería ser accesible y transparente.
Porque cuando un menor atraviesa una situación médica grave, las familias dependen completamente de la confianza.
Y la confianza desaparece cuando la información no es clara.
Desaparece cuando las respuestas cambian.
Desaparece cuando obtener documentación básica requiere decenas de escritos, reclamaciones y procedimientos administrativos, incluso judiciales, para poder acceder a una simple historia clínica interna.
Lo más preocupante es que este problema no afecta únicamente a un caso concreto ni a un solo hospital.
Cada vez más familias comparten experiencias similares:
-dificultades para acceder a registros completos,
-falta de trazabilidad documental,
-sensación de desinformación,
-agotamiento psicológico,
-una enorme desigualdad frente a instituciones con recursos jurídicos y administrativos muy superiores.
Mientras tanto, los mecanismos de control continúan siendo lentos, complejos y, en muchos casos, poco eficaces desde la perspectiva de las familias afectadas.
Ni el Síndic de Greuges, ni el Colegio de médicos ni el propio Catsalut parece querer resolver los problemas de las familias para acceder a los historiales de sus hijos. Nadie defiende al paciente.
La transparencia sanitaria no debería depender de la capacidad económica, emocional o jurídica de unos padres agotados.
No debería ser necesario convertirse en experto legal para acceder a información sobre la atención médica recibida por un hijo.
No debería hacer falta insistir durante meses para obtener respuestas claras.
Y, sobre todo, ningún hospital debería quedar protegido únicamente por su prestigio público.
Precisamente cuanto mayor es la relevancia social de una institución sanitaria, mayor debería ser también su obligación de transparencia y rendición de cuentas.
Porque la confianza no se construye solo con campañas, premios o edificios modernos.
La confianza se construye diciendo la verdad.
Incluso cuando es incómoda.
Especialmente cuando es incómoda.