El turismo comunitario se configura como un modelo de acción colectiva institucionalizada en el territorio de una comunidad, que nace como una acertada respuesta y exigencia de las comunidades para dejar de ser objetos pasivos de un modelo fordista del turismo para convertirse en actores activos de un modelo postfordista de desarrollo terriroial, en todas las etapas de la implantación. Auspiciad
o por un modelo de planificación incluyente y bajo políticas estatales de auspicio para su desarrollo, podría convertirse en un elemento clave para lograr indicadores de desarrollo relevantes como por ejemplo los objetivos del milenio de Naciones Unidas. No pretende reemplazar las actividades productivas presentes en las comunidades, sino incorporarse junto con las mismas en un tejido armónico que fortalezca la cadena productiva local. No es una actividad turística, ya que por ser un modelo de gestión territorial, cada comunidad puede escoger de un vasto listado de actividades turísticas, aquellas que le sean factibles de operación. De igual forma no es un servicio, ya que cada comunidad podrá elegir por aquel servicio turístico que se adecúe a sus decisiones para implantar una iniciativa turística en su espacio. Manifiesta firmes principios y políticas para mantener un desarrollo armónico y sostenible de esta actividad en sus territorios y en su cultura, invita a un intercambio solidario, al cuidado medioambiental y a un manejo económico que genere nuevas riquezas en sus comunidades. Uno de los fines del modelo es la generación y redistribución de los nuevos ingresos, tanto operativos como de utilidades finales de gestión, en aquellos aspectos que se hayan decidido de forma consensuada. Aunque se lo asocia con otros conceptos como los de turismo solidario, justo, sostenible, entre otros, el turismo comunitario tiene elementos diferenciadores en su concepción histórica y territorial que le dan una significación única que sin embargo mantiene similitudes con los anteriormente expuestos.