03/06/2025
Mariano Morillo, PhD. El falso profeta. Un falso profeta me atacó. Tenía celos de una hija de Dios, por ser luchadora olímpica. Me aplicó una llave, me asfixiaba, pero el espíritu lo mordió. Esta es la vida que vamos a vivir. Somos cristianos de gran poder. Algunos se venden como buenas personas, pero son demonios bastante imprudentes. Así como persiguieron a Jesús, suelen perseguir a los hombres de luz. Se camuflan en religiones para hacerse pasar por los mejores, pero en el fondo son traidores. Venden a sus hermanos, imitando a Judas. Acuden a la iglesia buscando fortuna. Se dejan usar por Satanás y pueden pecar con facilidad, pero usan el nombre de Dios para confundir. Son violentos sin límites. Usan el nombre de Dios para sus propios fines y obtienen las prebendas que se les ofrecen. Pero la falta de amor es un gran dilema. Nacieron para servirse a sí mismos, no para servir. Son temerosos, temblorosos, les falta fe. El pueblo de Dios ha perdido la piedad, camina sin corazón, e incluso Jesús piensa que el sacrificio fue en vano. Caminan como Caín, matando a sus hermanos. De los de Jesús, ya no quedan muchos porque Satanás los tiene atados al dinero. Hay más falsos profetas que auténticos. ¡Cuánto sufre Cristo por ese destino! Aunque sea su hermano, suelen venderte; también te persiguen si, como Jesucristo, dices la verdad. Son falsos profetas, que tejen sus trucos, con un fanatismo que oscurece el camino, tanta confusión, aberra el destino.