Junta Acción Comunal Barrio Ciudadela Etapa I

Junta Acción Comunal Barrio Ciudadela Etapa I Gracias.

La página se creó para aprender de quienes han pertenecido a las JAC, igualmente aquellas personas que nos puedan dar sugerencias para obtener los mejores resultados en pro del bienestar en nuestras comunidades.

27/11/2025

Sectores políticos reaccionan a las más reciente decisión del Consejo Nacional Electoral.

27/11/2025

👉👉 En un rincón pobre de Brasil, donde llegar a un hospital puede tomar horas, hay un médico que decidió hacer algo distinto. No tiene tarifas. No tiene lista de precios. No pregunta “¿con qué va a pagar?”. Solo pregunta: “¿Dónde te duele?” Él viaja a las aldeas, revisa a los niños, atiende a los ancianos, cura heridas, da medicamentos, escucha historias. Y cuando termina, los pacientes hacen lo único que pueden hacer: le dan lo que tienen.

Una bolsa de huevos. Un pan hecho en casa. Unas frutas recién cortadas. A veces solo un abrazo. A veces nada… y él sonríe igual. Porque para él la medicina no es un negocio. Es una misión.

La gente pobre no puede pagar consultas, pero sí puede agradecer. Y ese agradecimiento se ve en los ojos de cada persona que llega con timidez, extendiendo un regalo humilde… pero lleno de amor. Y él lo recibe con orgullo. Como si fueran monedas de oro. Porque sabe lo que cuestan. No en dinero, sino en corazón.

Este doctor se volvió famoso sin quererlo. No por sus estudios. No por su título. Sino por algo más simple: porque decidió ayudar sin esperar nada a cambio. Cuando das sin cobrar, Dios se encarga de pagarte. A veces con frutos. A veces con sonrisas. A veces con paz en el alma.

Historia real y verificada. Corresponde al médico brasileño Douglas Ciríaco, conocido por atender sin cobrar en comunidades rurales y documentar los regalos que recibe. La información está respaldada por sus propias publicaciones públicas y notas locales en Brasil.

19/09/2025

👉👉 El 15 de septiembre en El Salvador no fue un día cualquiera. En un rincón de Ahuachapán, un grupo de estudiantes salió a desfilar. No había calles bonitas ni aceras limpias. Solo lodo. Sus zapatos se hundían, sus uniformes se ensuciaban, pero ellos caminaban con la frente en alto, ondeando la bandera como si nada pudiera detenerlos.

Las imágenes llegaron hasta el presidente Nayib Bukele. Y lo que vio lo conmovió: niños marchando con disciplina, con orgullo, aunque el suelo estuviera convertido en un pantano. Ese gesto de civismo, esa fuerza en medio de la dificultad, no pasó desapercibido.

En ese mismo momento, Bukele dio una orden: pavimentar los 12 kilómetros de la carretera que conecta al cantón Los Toles y remodelar la escuela donde estudian esos niños. No en años, no en promesas vacías, sino en tiempo récord.

Porque detrás de esos guantes blancos y esas bandas azul celeste, había un mensaje: “Queremos aprender, queremos un futuro, aunque tengamos que marchar en el barro.” Y esa valentía fue recompensada con obras concretas.

Lo que parecía un simple desfile escolar se transformó en un símbolo. Los niños que caminaron sobre el lodo serán los mismos que pronto caminarán sobre calles nuevas, hacia una escuela renovada.

Así es como la fe también se manifiesta: no solo en palabras, sino en acciones. A veces Dios usa a los más pequeños para enviar un mensaje a los más grandes. Y ese día, fueron los estudiantes quienes mostraron el camino.

La lección queda clara: cuando un pueblo cree, cuando un pueblo no se detiene ni en el barro, Dios abre puertas y toca corazones. Hoy, esas huellas enlodadas se convierten en huellas de esperanza sobre asfalto nuevo.

Haz llegar esta noticia a más personas si te gustaría que esto pasara también en tu país.

Basado en información publicada por medios locales de El Salvador. Esta versión ha sido adaptada con estilo narrativo y con fines de reflexión.

14/09/2025

👉👉El Salvador se cansó de ver a sus cárceles llenas de pandilleros ociosos, ahora cientos de reos trabajan cada día bajo un plan llamado Cero Ocio.

Desde temprano, los internos se forman como si fueran a iniciar una jornada laboral cualquiera. Pero no entran a oficinas ni a fábricas privadas. Lo que producen es para el pueblo salvadoreño.

Con sus manos fabrican botas para custodios y policías. Arreglan patrullas dañadas, reparan ambulancias, construyen pupitres y cosen uniformes escolares. Lo que un día fue destrucción, ahora se convierte en servicio. Un intento de devolver algo de lo que le arrebataron a la sociedad.

Pero no cualquiera entra a este programa. Solo reos de baja peligrosidad, hombres que no arrastran crímenes de sangre, y que han demostrado disciplina. Ellos reciben formación en mecánica, carpintería, construcción, zapatería y hasta salud. Lo que aprenden no se queda en teoría: lo aplican de inmediato en talleres que benefician directamente al país.

Algunos cuentan que llegaron sin saber nada. Hoy son mecánicos que dan mantenimiento a la flota de la policía, o zapateros que producen miles de pares de botas militares. Otros, con estudios previos, se convierten en instructores para sus propios compañeros.

Donde antes había ocio, hoy hay trabajo. Donde antes había odio, hoy hay una segunda oportunidad. Y muchos lo dicen con orgullo: “estamos pagando parte del daño que hicimos”.

Un reo que alguna vez representó miedo en la calle, ahora cose uniformes para que un niño vaya a la escuela. Dios puede transformar hasta el corazón más endurecido.

Si a ti también te gusta este programa, haz llegar esta información a más personas.

13/08/2025

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