08/10/2025
A pesar de la desconfianza de su padre, Jacob insistió en el error, porque quería alcanzar la bendición a su manera. Isaac, entonces, bendijo a Jacob: «Dios te dé del rocío del cielo y de lo más preciado de la tierra: trigo y vino en abundancia. Que los pueblos te sirvan, y las naciones se postren ante ti. Sé señor de tus hermanos y póstrense ante ti los hijos de tu madre. Sean malditos los que te maldigan y benditos los que te bendigan» (Génesis 27:28-29).
Resumiendo
Tan pronto había construido su familia y bienes, Jacob cargó por casi 20 años la marca del engaño y cualquier amenaza de encontrarse con el pasado lo asustaba. Jacob, que se hizo pasar por Esaú, estaba aturdido. Aun cuando alcanzó su objetivo, él vivió inseguro, con miedo de su hermano. Es decir, ¿de qué sirve tener un poco ahora, si eso te va a quitar la paz?
Nada de lo que sembramos es olvidado, vamos a cosechar todo. Al final, eso es lo natural de la vida: cosechamos aquello que sembramos.
Tarde o temprano, toda conquista o posición alcanzada con base en la mentira se desmorona y, muchas veces, la persona mentirosa también cae. Por eso, como el ejemplo de Jacob, la mujer puede dejar la mentira en el pasado para reconstruir su historia. Esa nueva naturaleza libre del engaño está al alcance de todas las mujeres que se arrepienten de lo que hicieron, y que están dispuestas a lidiar con las consecuencias de sus actitudes. Cuando entregan sus inseguridades a Dios, ellas empiezan a confiar en Su Palabra, y no en las mentiritas.