05/10/2026
“SEÑOR, EXAMINA MI CORAZÓN Y HAZ TÚ JUSTICIA”
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno.”
— Salmo 139:23-24
Textos de apoyo
Salmo 7:8-9; Salmo 26:1-2; Salmo 35:1; Salmo 37:5-8; Romanos 12:19; 1 Pedro 2:23.
INTRODUCCIÓN
Hay momentos en la vida en los que alguien nos hiere, nos acusa, nos traiciona, habla mal de nosotros o actúa injustamente contra nosotros.
Y nuestra primera reacción puede ser:
“Señor, mira lo que me hicieron.”
Pero David nos enseña algo más profundo:
“Señor, antes de mirar lo que ellos hicieron, mira lo que está pasando dentro de mí.”
David tenía enemigos reales. No eran imaginarios.
Saúl lo perseguía.
Personas hablaban contra él.
Absalón se levantó contra su propio padre.
Hubo hombres que buscaron su muerte.
Sin embargo, David aprendió a llevar sus conflictos delante de Dios.
No decía:
“Yo voy a hacer justicia con mis propias manos.”
Decía, en esencia:
“Dios, tú conoces mi corazón. Tú conoces mi causa. Tú sabes quién tiene razón. Haz tú justicia.”
1. DAVID NO NEGÓ LA EXISTENCIA DE SUS ENEMIGOS
David no era ingenuo.
El Salmo 35 comienza diciendo:
“Contiende, oh Jehová, con los que contra mí contienden; pelea contra los que me combaten.”
— Salmo 35:1
David le presenta su problema a Dios.
Esto es importante:
La fe no significa negar que existe una injusticia.
La fe significa llevar la injusticia al lugar correcto.
Hay personas que dicen:
“Yo perdono, pero voy a hacer justicia yo mismo.”
Eso no es lo que enseñan las Escrituras.
David podía decir:
“Señor, contiende tú conmigo.”
Porque sabía que hay batallas que se vuelven más peligrosas cuando dejamos de orar y comenzamos a vengarnos.
2. PERO DAVID TAMBIÉN LE DIJO A DIOS: “EXAMÍNAME”
Aquí está lo extraordinario.
David no solamente decía:
“Señor, mira a mis enemigos.”
También decía:
“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón.”
— Salmo 139:23
¡Qué oración tan peligrosa y tan poderosa!
Porque es fácil pedir:
“Señor, examina a mi enemigo.”
Pero David dijo:
“Examíname a mí.”
Es fácil decir:
“Señor, muéstrame el pecado de él.”
Pero la madurez espiritual dice:
“Señor, muéstrame si hay algo en mí que necesita ser corregido.”
Proverbios 21:2
“Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; pero Jehová pesa los corazones.”
El hombre puede tener argumentos.
Puede tener explicaciones.
Puede tener testigos.
Puede tener documentos.
Pero solamente Dios conoce completamente el corazón.
3. ANTES DE PEDIR JUSTICIA, PÍDELE A DIOS QUE LIMPIE TU CORAZÓN
David dice:
“Pruébame y conoce mis pensamientos.”
¿Por qué?
Porque una herida puede producir algo peligroso:
resentimiento.
Y el resentimiento puede convertirse en:
• odio,
• deseo de venganza,
• amargura,
• orgullo,
• palabras destructivas,
• deseos de que al otro le vaya mal.
Por eso David dice:
“Señor, examíname.”
No quería que el enemigo que estaba afuera terminara convirtiéndose en un enemigo dentro de su corazón.
Proverbios 4:23
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.”
4. DAVID TUVO LA OPORTUNIDAD DE VENGARSE DE SAÚL
Aquí encontramos uno de los ejemplos más poderosos del Antiguo Testamento.
Saúl perseguía a David para matarlo.
En 1 Samuel 24, Saúl entra en una cueva donde David y sus hombres estaban escondidos.
Los hombres de David prácticamente le dicen:
“Dios ha entregado a tu enemigo en tus manos.”
David tenía la oportunidad.
Podía matarlo.
Podía decir:
“¡Dios me dio la oportunidad!”
Pero David no lo hizo.
Solamente cortó un pedazo del manto de Saúl.
Y después su corazón lo golpeó.
“Después de esto se turbó el corazón de David, porque había cortado la orilla del manto de Saúl.”
— 1 Samuel 24:5
¡Qué tremendo!
David no solamente estaba preocupado por lo que Saúl quería hacerle.
Estaba preocupado por lo que él mismo podía llegar a hacerle a Saúl.
Eso es madurez espiritual.
5. DAVID DEJÓ LA JUSTICIA EN LAS MANOS DE DIOS
David le dijo a Saúl:
“Juzgue Jehová entre tú y yo, y véngueme de ti Jehová; pero mi mano no será contra ti.”
— 1 Samuel 24:12
¡Esta frase puede convertirse en una enseñanza completa!
“Dios juzgue entre tú y yo.”
David no dijo:
“Yo seré tu juez.”
Dijo:
“Dios juzgue.”
Aquí aparece una gran diferencia entre:
Justicia y venganza
Justicia:
“Dios, haz lo que corresponde.”
Venganza:
“Dios, déjame hacer lo que yo quiero.”
La justicia pertenece a Dios.
Deuteronomio 32:35
“Mía es la venganza y la retribución.”
Y el Nuevo Testamento retoma exactamente este principio.
6. ROMANOS 12:19: “NO OS VENGUÉIS VOSOTROS MISMOS”
Pablo dice:
“No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.”
Observemos la expresión:
“Dejad lugar a la ira de Dios.”
¿Sabes qué significa?
Que hay un espacio que tú no debes ocupar.
Ese espacio pertenece al Juez.
Cuando yo tomo venganza, estoy intentando ocupar el lugar que corresponde a Dios.
Por eso la fe dice:
“Yo no necesito convertirme en juez de mi enemigo. Dios sabe juzgar mejor que yo.”
7. JESÚS ES EL EJEMPLO SUPREMO
David es un gran ejemplo.
Pero Jesús es el ejemplo perfecto.
Jesús fue:
• acusado injustamente,
• traicionado,
• golpeado,
• humillado,
• llevado a juicio,
• condenado siendo inocente,
• crucificado.
Y aun así:
“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
— Lucas 23:34
Jesús tenía todo el poder para responder.
Pero decidió entregarse al Padre.
1 Pedro 2:23
Hablando de Cristo dice:
“Cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente.”
¡Esta es la clave!
“Encomendaba la causa al que juzga justamente.”
No significa que Jesús aprobara la injusticia.
Significa que no permitió que la injusticia determinara quién sería Él.
8. JOSÉ: “VOSOTROS PENSASTEIS MAL CONTRA MÍ”
Otro ejemplo extraordinario.
Los hermanos de José lo vendieron.
Lo traicionaron.
Lo separaron de su familia.
José terminó en Egipto.
Pasaron los años.
Y un día aquellos mismos hermanos aparecieron delante de él.
Ahora José tenía poder.
Podía vengarse.
Podía destruirlos.
Pero dijo:
“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien.”
— Génesis 50:20
José reconoció la maldad de sus hermanos.
No llamó bueno a lo malo.
Pero tampoco permitió que el mal recibido gobernara su corazón.
Enseñanza:
Puedes reconocer que alguien te hizo daño sin convertirte en esclavo de ese daño.
9. ABIGAIL Y DAVID: CUANDO DIOS TE DETIENE DE HACER JUSTICIA POR TU PROPIA MANO
En 1 Samuel 25, David estaba dispuesto a vengarse de Nabal.
Nabal había despreciado a David.
David se llenó de ira y decidió atacar.
Pero Abigail intervino.
Y le dijo:
“Jehová de cierto hará casa firme a mi señor, por cuanto mi señor pelea las batallas de Jehová, y mal no se ha hallado en ti en tus días.”
— 1 Samuel 25:28
Abigail estaba diciéndole:
“David, no permitas que este hombre provoque en ti algo que contradiga quién eres.”
David reconoció que Dios había usado a Abigail para detenerlo.
“Bendito sea Jehová Dios de Israel, que te envió para que hoy me encontrases. Y bendito sea tu razonamiento, y bendita tú, que me has estorbado de ir a derramar sangre.”
— 1 Samuel 25:32-33
¡Qué palabra!
A veces Dios permite que alguien nos detenga porque está protegiendo nuestro corazón de nosotros mismos.
10. EL VERDADERO PELIGRO NO SIEMPRE ESTÁ AFUERA
Hay enemigos externos.
Pero también existe una batalla interna.
Puedes ganar una discusión y perder la paz.
Puedes demostrar que tenías razón y terminar lleno de amargura.
Puedes vencer a tu enemigo y convertirte espiritualmente en aquello que odiabas.
Por eso David dice:
“Examíname.”
La pregunta no es solamente:
“¿Quién está contra mí?”
También es:
“¿Qué está produciendo esta situación dentro de mí?”
11. JESÚS ENSEÑÓ A AMAR A LOS ENEMIGOS
Jesús dijo:
“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.”
— Mateo 5:44
Esto no significa permitir abuso.
No significa negar una injusticia.
No significa eliminar límites saludables.
Significa que el mal que otro hace no debe gobernar tu corazón.
Puedes poner límites.
Puedes apartarte.
Puedes buscar justicia.
Puedes denunciar una conducta incorrecta.
Pero puedes hacerlo sin odio y sin venganza personal.
12. ¿QUÉ HACER CUANDO ALGUIEN TE HACE DAÑO?
PRIMERO: LLEVA LA SITUACIÓN A DIOS
“Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará.”
— Salmo 37:5
No respondas primero.
Ora primero.
SEGUNDO: PÍDELE A DIOS QUE EXAMINE TU CORAZÓN
Ora:
“Señor, ¿hay orgullo en mí?”
“¿Hay odio?”
“¿Hay resentimiento?”
“¿Estoy buscando justicia o venganza?”
“¿Estoy herido o estoy pecando?”
Salmo 139:24:
“Y ve si hay en mí camino de perversidad.”
TERCERO: NO TOMES EL LUGAR DEL JUEZ
Deuteronomio 32:35:
“Mía es la venganza.”
Romanos 12:19:
“Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.”
Dos Testamentos.
Una misma verdad:
Dios es juez.
CUARTO: PERDONA
Perdonar no significa decir:
“Lo que me hicieron estuvo bien.”
Perdonar significa:
“No voy a seguir alimentando esta deuda dentro de mi corazón.”
Efesios 4:31-32 enseña a quitar la amargura y a perdonarnos unos a otros.
QUINTO: DEJA QUE DIOS HAGA LO QUE TÚ NO PUEDES HACER
Hay situaciones que no puedes controlar.
Hay personas que no puedes cambiar.
Hay corazones que no puedes convencer.
Hay verdades que no puedes hacer entender.
Pero puedes decir:
“Señor, mi causa está en tus manos.”
13. UNA DECLARACIÓN PROFÉTICA PARA LA IGLESIA
Puedes decirle a la congregación:
“Hoy renuncio a la venganza.�Renuncio al odio.�Renuncio a la amargura.�No voy a responder al mal con mal.�Presento mi causa delante del Señor.�Señor, examina mi corazón.�Si hay algo malo en mí, quítalo.�Si he pecado, corrígeme.�Si he sido herido, sáname.�Si he sido acusado injustamente, defiéndeme.�Si debo pedir perdón, dame humildad.�Y si debo esperar justicia, dame paciencia.�No tomaré el lugar que te pertenece.�Tú eres el Juez justo.�Mi causa está en tus manos.”
CONCLUSIÓN
David tenía enemigos, pero aprendió algo extraordinario:
No podía controlar el corazón de sus enemigos, pero sí podía poner su propio corazón delante de Dios.
Saúl podía perseguirlo.
Absalón podía traicionarlo.
Los hombres podían hablar contra él.
Pero David podía decir:
“Examíname, oh Dios.”
Y cuando David entregaba su causa al Señor, estaba diciendo:
“Yo no necesito vengarme porque tengo un Dios que juzga justamente.”
Frase final para cerrar la prédica:
“No pongas solamente a tus enemigos delante de Dios; pon también tu corazón. Porque quizá Dios quiera hacer justicia en tu causa, pero primero quiere hacer santidad en tu corazón.”
Y cuando Dios encuentra limpio tu corazón, puedes dejar tu causa en sus manos sin convertirte en prisionero de la persona que te hizo daño.