14/06/2025
Empresa Portuaria San Antonio
Los proxenetas de nuestro territorio
EPSA no mueve un solo contenedor, pero sí mueve fronteras. Su negocio no es operar el puerto, sino arrendar cada centímetro de San Antonio a intereses de la industria portuaria, dejando a la ciudad con migajas. Montemar, que alguna vez fue una playa pública dentro del puerto, hoy es solo un recuerdo: enterrada bajo toneladas de rocas y cemento, sacrificada para dar paso a estructuras portuarias que jamás consideraron el derecho de los sanantoninos a su propia costa.
Cierro los ojos y todavía puedo oler el mar en la playa de Llolleo. Recuerdo el sonido de las olas saludando, la arena bajo mis pies, la promesa de un día bueno. Hoy, ese mismo lugar es una herida cercada, vigilada, un "proyecto portuario" que nadie en el barrio pidió, impuesto como una cicatriz más en el rostro de nuestra ciudad.
San Antonio no es una excepción. Cada ciudad puerto en Chile ha vivido su propia versión de esta historia: el mar transformado en un negocio privado, la costa vendida a transnacionales, la contaminación disfrazada de modernidad.
Así opera la Empresa Portuaria San Antonio (EPSA), con una estrategia que no es nueva, ni exclusiva de esta comuna. Nos arrebatan el mar, y nos ofrecen un mirador para contemplar lo que perdimos. Nos contaminan el aire y nos pintan un mural para que respiremos colores. Nos roban las playas y nos organizan festivales para celebrar la riqueza que nos roban y el progreso que nunca nos llega.
Nos venden la postal de una ciudad próspera, pero ocultan el precio de esa "modernidad":
Más de 3.000 camiones diarios desgarran el asfalto de calles que nunca fueron diseñadas para ser su corredor de sacrificio. La ciudad tiembla, las casas se agrietan y las noches de insomnio son la norma para quienes viven junto a la ruta.
Mientras otros puertos se promocionan como terminales de cruceros, San Antonio recibe el humo de los buques, que queman el combustible más barato y sucio del mundo. En Europa está prohibido. Aquí es nuestra rutina.
Montemar ya no existe. Donde antes había familias y castillos de arena, hoy se apilan contenedores como muros de una cárcel a cielo abierto.
Este modelo no es exclusivo de San Antonio. En Iquique, en Valparaíso, en Talcahuano, las ciudades han sido forzadas a rendirse ante el puerto. Lo que antes era vida, comunidad y espacio público ahora son bodegas para las empresas de transporte marítimo.
EPSA no inventó la fórmula, pero la ejecuta con precisión:
Dividir para conquistar: Dicen que si protestamos estamos contra el empleo y el desarrollo. Callan que el 70% de los trabajadores portuarios vienen de otras regiones, mientras San Antonio tiene una de las tasas de cesantía más altas del país.
Asustar para paralizar: Nos advierten que, sin el puerto, la ciudad "morirá". ¿No ven que ya nos están convirtiendo en una zona de sacrificio, donde la vida se asfixia lentamente?
Comprar conciencias con migajas: Un parque aquí, una cancha allá. Gestos para la foto, mientras venden la costa a transnacionales que ni siquiera pagan impuestos en la comuna.
Pero algo está cambiando. Los vecinos despiertan. Ya no se tragan los discursos de progreso que nunca nos incluyen. La comunidad se empieza a organizar, los jóvenes registran cada metro que destruyen, cada playa que devoran. En San Antonio, como en Valparaíso, como en Coronel, resistencia crece.
Queremos lo mínimo, lo básico, lo justo:
Un aire limpio, que no enferme a nuestros abuelos. Playas donde nuestros hijos puedan correr libres y seguros. Un puerto que pertenezca a la ciudad, y no una ciudad que sea servidumbre para el puerto.
El destino de San Antonio no se decidirá en una oficina en Santiago, entre ejecutivos que nunca han pisado nuestra tierra. Lo estamos escribiendo aquí y ahora, en nuestras calles, en nuestras asambleas, en nuestra resistencia.
La próxima vez que escuchemos la palabra "progreso" salir de la boca de las Empresas Portuarias, hagamos las preguntas correctas:
¿Progreso para quién? ¿A costa de quién? ¿Qué nos quitarán esta vez?
Nuestro territorio no está en venta. Nuestra dignidad tampoco.
Exige a tus autoridades que tomen partido por la gente, no por las empresas. El silencio es el mejor aliado de quienes nos roban. Que nuestra voz, unida, suene más fuerte que los periodistas vendidos.