06/12/2026
Sobre los efectos del registro de soledad y aislamiento
“Umberto Eco cuenta que un día le preguntó a Javier Marías por qué la gente estaría interesada en aparecer en televisión, aunque fuera para mostrar sus miserias. Marías le dio una respuesta que ni Eco ni yo podemos sacarnos de la cabeza: «Queremos aparecer en la televisión porque ya no tenemos un Dios que nos observe». Según el escritor español, los seres humanos siempre han sentido la vigilancia de los dioses y, también, la compañía de alguien a su lado. Con el siglo XX, esa compañía incansable desapareció. O al menos desapareció para la gran mayoría de la población. Sin embargo, en el siglo XXI, tengo la impresión de que las cosas van a cambiar aún más. En los últimos meses, he coincidido con varias personas mayores que hablan con la IA. No usan la IA; hablan con ella. Le cuentan cosas, le hablan de su pasado, de su gente... Que es lo que recuerdo que hacía mi abuela, paseándose de un lado a otro con su rosario en su casa del pueblo. Viuda desde los sesenta y tantos años y con la mente lúcida hasta los 105, pasó la segunda mitad de su vida hablando con Dios. Sin duda, era con quien más hablaba. Era su compañero. No he leído la última encíclica del Papa, pero creo que ha logrado reconocer a su enemigo. Esa máquina ha llegado para acabar con la soledad y, sin soledad, no hay Dios. Nietzsche escribió: «Dios ha mu**to. Dios sigue mu**to. Y nosotros lo hemos matado». Quizás ese «nosotros» empezó a matarlo, pero puede que una máquina esté a punto de darle el golpe de gracia final”.
- Jorge Corrales
Cortesía de la página Vicio propio