08/04/2026
Un abrazo que trasciende la medicina.
Mi camino en la Medicina Veterinaria no fue un plan humano; fue un diseño divino. Soy Mayte, parte de la Fundación El León de la Tribu de Judá, y hoy entiendo que mi llegada a esta carrera fue una dirección inesperada que se convirtió en mi verdadera vocación. Mi misión es clara: cuidar la obra de Dios, aprendiendo a interpretar el silencio de los animales para devolverles la salud.En esta fotografía me acompaña Morita. Lo que más me cautiva de ella es su nobleza y esa tranquilidad inmensa que transmite. La conozco desde que era muy pequeña, por eso nuestra confianza es ciega. El abrazo que ven no fue en una consulta por enfermedad, sino durante una práctica académica; es nuestra forma de comunicarnos. Para mí, la veterinaria no se trata solo de medicina, sino de una profunda empatía.Elegir este camino es un reto constante. Lo más difícil es enfrentarte a patologías donde el paciente no puede decirte qué le duele. Sin embargo, lo más gratificante compensa cualquier desvelo: ver cómo, a pesar de su dolor, ellos depositan su vida en tus manos. Si Morita pudiera hablar en ese momento, estoy segura de que me diría que se siente segura. Porque al final, estudiar esta carrera es aprender el lenguaje del silencio para convertirse en la voz de los que no pueden hablar.