16/05/2026
La Paz en conflicto: el impacto invisible sobre las personas con Autismo y las familias neurodivergentes
La ciudad de La Paz atraviesa nuevamente un escenario de tensión social, bloqueos, marchas y enfrentamientos que han convertido a las calles en espacios de incertidumbre permanente. Las detonaciones de petardos, cachorros de dinamita, gases lacrimógenos y enfrentamientos violentos se han vuelto parte cotidiana del paisaje urbano paceño. Paralelamente, la escasez y el encarecimiento de alimentos y medicamentos profundizan una crisis humana que afecta especialmente a los sectores más vulnerables.
Sin embargo, dentro de este debate público existe una realidad frecuentemente invisibilizada: el profundo impacto que esta situación tiene sobre las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), personas neurodivergentes y sus familias.
El ruido como agresión neurológica
Para muchas personas neurotípicas, el sonido de un petardo puede ser simplemente molesto. Para una persona con Autismo, puede convertirse en una experiencia de terror físico y neurológico.
Las explosiones de dinamita utilizadas en manifestaciones y conflictos sociales generan estímulos auditivos extremos, impredecibles y abruptos. En personas dentro del espectro autista, especialmente aquellas con hipersensibilidad sensorial, esto puede desencadenar:
crisis sensoriales severas,
episodios de pánico,
desregulación emocional extrema,
conductas autolesivas,
insomnio,
regresiones conductuales,
colapsos nerviosos,
crisis epilépticas en casos asociados,
y estados prolongados de ansiedad.
Los enfrentamientos recientes en el centro paceño incluyeron precisamente detonaciones de dinamita, petardos y gases lacrimógenos en zonas altamente transitadas.
La problemática se agrava porque en La Paz las protestas suelen desarrollarse cerca de hospitales, centros terapéuticos, unidades educativas y zonas residenciales, haciendo prácticamente imposible que muchas familias puedan anticipar o evitar la exposición.
El estrés colectivo también afecta el desarrollo neurológico
Las personas con Autismo suelen requerir estructuras previsibles, rutinas claras y entornos relativamente estables para sostener su regulación emocional y funcional.
Cuando una ciudad entra en ciclos constantes de:
bloqueos,
violencia,
suspensión de actividades,
interrupciones de transporte,
escasez,
y miedo social,
se rompe completamente esa sensación de previsibilidad.
Muchos niños y adolescentes neurodivergentes dependen de rutinas terapéuticas estrictas:
terapia ocupacional,
fonoaudiología,
psicopedagogía,
apoyo conductual,
asistencia educativa especializada,
acompañamiento emocional.
Los bloqueos y enfrentamientos dificultan o impiden el acceso regular a estas terapias. Familias enteras quedan atrapadas sin transporte o sin posibilidad de desplazarse con seguridad.
En las últimas semanas se reportaron sectores prácticamente aislados, con dificultades incluso para conseguir medicamentos y alimentos básicos.
Escasez de alimentos: una crisis especialmente dura para el Autismo
La inflación y el desabastecimiento afectan a toda la población, pero tienen consecuencias particularmente graves en personas autistas con selectividad alimentaria.
Muchos niños y adultos con TEA presentan:
hipersensibilidad a texturas,
rechazo a determinados sabores,
necesidad de alimentos específicos,
dependencia de ciertas marcas,
restricciones gastrointestinales,
o dietas especiales.
Cuando desaparecen productos esenciales o sus precios se disparan, las familias enfrentan una crisis adicional.
Actualmente diversos medios reportan:
incremento abrupto del precio del pollo y la carne,
escasez de verduras y productos básicos,
dificultades de abastecimiento,
y aislamiento de comunidades enteras debido a bloqueos.
En una familia neurodivergente, esto no significa solamente “ajustarse económicamente”. Puede significar que un niño deje de comer adecuadamente durante días debido a la imposibilidad de tolerar otros alimentos.
La salud mental de los cuidadores también colapsa
Detrás de cada persona con Autismo suele existir una red familiar profundamente exigida física, emocional y económicamente.
En contextos de conflictividad permanente:
aumenta el agotamiento emocional,
crece la ansiedad de los cuidadores,
se incrementa el aislamiento social,
aparecen episodios depresivos,
y muchas familias quedan completamente sobrepasadas.
La incertidumbre sobre:
si habrá alimentos,
si podrán llegar a terapias,
si existirá transporte,
o si nuevamente habrá explosiones violentas cerca del hogar,
genera estados de alerta continua incompatibles con una vida saludable.
Una ciudad que necesita incorporar la discapacidad en el debate público
Bolivia suele discutir los conflictos sociales desde perspectivas políticas, sindicales o económicas. Pero rara vez se incorpora el enfoque de discapacidad y neurodivergencia.
La crisis actual demuestra que las personas con discapacidad no son un grupo periférico: son ciudadanos que experimentan de manera más intensa las consecuencias de cualquier colapso social.
La propia Defensoría del Pueblo reportó un aumento significativo de la conflictividad social en el país durante 2026.
Sin embargo, todavía existe poca discusión sobre:
protocolos de protección sensorial,
rutas seguras para personas neurodivergentes,
acceso prioritario a medicamentos,
protección de centros terapéuticos,
o limitaciones al uso de explosivos sonoros en áreas urbanas.
El derecho a protestar no puede anular el derecho a existir dignamente
La protesta social es un derecho democrático legítimo. Pero ningún derecho debería ejercerse destruyendo la salud física, emocional y neurológica de otros sectores vulnerables.
El uso indiscriminado de dinamita, petardos y violencia urbana tiene consecuencias reales sobre:
niños autistas,
adultos neurodivergentes,
personas con epilepsia,
adultos mayores,
personas con trastornos psiquiátricos,
y pacientes hospitalizados.
Una sociedad verdaderamente inclusiva no solo exige derechos políticos; también protege a quienes tienen mayores dificultades para defenderse en medio del caos.
Hoy, muchas familias con Autismo en La Paz viven atrapadas entre el miedo al ruido, la incertidumbre económica y la invisibilidad institucional.
Y esa también es una emergencia social.