27/04/2024
Discurso en Homenaje al Capitán Giachino y a los Veteranos
Autoridades de la Croce Reale, del Cuerpo Diplomático, de Entidades Italianas Hermanadas en este acto, representantes de las FFAA y FFSS, Veteranos de Guerra de Malvinas, Familiares del Cap. Giachino, Miembros del Clero, miembros de la prensa y demás invitados especiales. Como responsable del Comité de Historia Militar Argentina de la Delegación ‘’General Belgrano’’ de la Croce Reale, es para mí un honor y un privilegio estar hoy aquí con ustedes en este evento tan especial, donde conmemoramos y rendimos homenaje a un hombre extraordinario, un verdadero héroe de Malvinas, el Capitán de Fragata I.M. (APCA) Pedro Edgardo GIACHINO. Hoy tenemos el privilegio de contar, con la presencia del Suboficial Mayor I.M. V.G.M. (APCA) (RE) Miguel Ángel Basualdo y el Suboficial Mayor I.M. V.G.M. (APCA) (RE) Héctor Raúl ORTIZ. Quiero aprovechar este momento para saludar y agradecer muy especialmente a estos valientes veteranos que no solo conocieron al Capitán Giachino, sino que además lucharon a su lado en la “Operación Rosario”, la incursión anfibia que desplegó la Armada sobre las Islas Malvinas la madrugada del 2 de abril de 1982. Mediante esta operación, la República Argentina, con el sacrificio del Capitán Giachino, quien alcanzó allí la gloria, y también gracias al esfuerzo y valentía de estos hombres, pudo izar nuevamente su bandera en las islas, luego de 149 años de ocupación extranjera.
Hoy nos reunimos, a pesar de la distancia, para recordar y honrar a aquellos que dieron todo por su patria, aquellos que sacrificaron su juventud, sus sueños y, en muchos casos, su propia vida por defender nuestra soberanía y libertad.
El héroe al que homenajeamos hoy no solo es un símbolo de valentía y coraje, sino también un recordatorio de la importancia de la unidad, el compañerismo y el sacrificio en tiempos de adversidad. Su legado vive en cada uno de nosotros, inspirándonos a ser mejores, a valorar nuestra historia y a mantener viva la memoria de aquellos que lucharon y cayeron por nuestra patria.
Pedro Edgardo Giachino, nació el 28 de mayo de 1947 en la provincia de Mendoza, donde realizó sus estudios primarios y secundarios. Ingresó a la Armada Argentina el 3 de febrero de 1964 como cadete del Curso Preparatorio de la Escuela Naval Militar. En dicho instituto se destacó por sus cualidades deportivas y su envidiable sentido del humor. Se inclinó por la Infantería de Marina, destacándose rápidamente por su elevado espíritu militar.
Luego de finalizar el Viaje de Instrucción a bordo de la Fragata ARA "Libertad”, se recibió de Guardiamarina de Infantería de Marina el 30 de diciembre de 1967, integrando la Promoción 96 de cadetes navales.
En febrero de 1968 realizó un intensivo curso de Comandos para Infantes de Marina en Tierra del Fuego. Su primer destino fue el Batallón de Infantería de Marina N°5.
Sus inclinaciones por el combate en circunstancias especiales lo llevaron a realizar el curso de Reconocimiento Anfibio en el año 1970.
En 1971 aprobó el curso de Comandos para Personal Superior en la Escuela de Infantería del Ejército Argentino, donde sobresalió por sus condiciones profesionales.
Completó su formación como comando anfibio al calificarse como paracaidista militar en la Brigada de Infantería Aerotransportada del Ejército Argentino, en Córdoba.
Ascendió a Teniente de Navío el 31 de diciembre de 1975.
Luego, en el Batallón de Infantería de Marina N°1, fue Jefe de una Compañía de Tiradores. Posteriormente ocupó el cargo de Jefe de Operaciones de la Agrupación Comandos Anfibios y, más tarde, el de Ayudante del Jefe de Operaciones e Inteligencia de la Fuerza de Apoyo Anfibio. El 31 de diciembre de 1981, ya como Capitán de Corbeta, asumió su último cargo: Segundo Comandante del Batallón de Infantería de Marina Nº1.
Para las operaciones de recuperación de nuestras Islas Malvinas, Giachino fue Jefe de una patrulla de Comandos Anfibios y Buzos Tácticos que desembarcó el 1 de abril de 1982 durante la noche, en una playa al sur de Puerto Argentino. Su misión era lograr la rendición del Gobernador británico antes de que el grueso de las tropas argentinas irrumpiera en la localidad. Con ello, Giachino debía evitar un sangriento e inútil combate en plena planta urbana.
La patrulla desembarcó desde el Destructor ARA "Santísima Trinidad", logrando llegar a las playas en botes de goma; las fuerzas enemigas de la zona no advirtieron el desembarco nocturno de los hombres de Giachino.
A las seis de la mañana del 2 de abril de 1982, Giachino rodeó con sus hombres la casa del Gobernador británico y le intimó rendición; los británicos, sorprendidos, abrieron fuego sobre la patrulla. Tal como prescribían las órdenes recibidas, Giachino procedió sin provocar bajas ni daños al oponente; sin duda, estas órdenes son las más difíciles que pueda recibir un militar, pero Giachino y sus hombres estuvieron a la altura de las circunstancias.
Repitió varias veces su intimación; los británicos redoblaron sus disparos sin dar indicación de tregua alguna. Treinta minutos después, la primera ola de asalto de la Fuerza de Desembarco argentina tocó tierra en las playas, distantes unos siete kilómetros de donde Giachino estaba tratando de lograr la rendición del Gobernador. La recuperación de las Islas se estaba consumando. Pocos minutos después, los vehículos anfibios de la Infantería de Marina Argentina rodaban hacia Puerto Argentino, mientras naves de la Flota de Mar hacían ver sus siluetas en la bahía.
Si las tropas argentinas entraban a la localidad, se iniciaría el combate con los británicos en el mismo pueblo, circunstancia que debía evitarse a toda costa. Giachino supo que debía actuar para impedirlo, de acuerdo con sus órdenes. En su condición de Jefe, tomó la decisión más importante de su vida. Ante la evidencia de la inutilidad de lograr la rendición británica, avanzó solo hacia el interior de la casa del Gobernador, cuando una ametralladora enemiga le hizo fuego a quemarropa, cayendo hacia atrás. Gritó a sus hombres que se cubrieran.
Su segundo jefe (el Teniente de Fragata Diego García Quiroga) quiso sacarlo de la línea de fuego, recibiendo a su vez una descarga que lo hirió gravemente. El Cabo Segundo Enfermero Urbina intentó rescatar a sus dos jefes, siendo también herido; aun así, logró dar los primeros auxilios a los oficiales y a sí mismo. La presión de la situación general motivó al gobernador británico a ordenar la suspensión del fuego y pedir parlamento.
La misión del Capitán Giachino se había cumplido: el gobernador se rindió antes de que las tropas argentinas hicieran su entrada a Puerto Argentino. El precio fue la vida de nuestro héroe, quien falleció minutos después a causa de las graves heridas sufridas.
Fue condecorado "Post Mortem" con la máxima distinción que otorga la Nación Argentina: "La Cruz al Heroico Valor en Combate" y ascendido al grado de Capitán de Fragata de Infantería de Marina.
La Armada Argentina reconoce en el Capitán Giachino al arquetipo del jefe que lidera a sus hombres en combate, asumiendo personalmente los mayores riesgos y que, ante órdenes recibidas, las ejecuta meticulosamente, incluso a costa de su propia vida. No delegó en sus subordinados la tarea más peligrosa. La tomó para sí, lo que es privilegio de los grandes.
A nuestros queridos veteranos, quienes tuvieron el honor y el privilegio de combatir al lado del Capitán, les expresamos nuevamente nuestra más profunda gratitud y reconocimiento. Ustedes, señores, han demostrado sobradamente su valor en combate, y a mí mismo, como a toda una Nación agradecida y orgullosa, al verlos se nos llena el pecho de orgullo, admiración y respeto, porque ustedes son testigos vivientes de una historia que nunca debe ser olvidada, una historia de valor, determinación y amor por la patria.
Compatriotas, hoy les propongo renovar nuestro compromiso inquebrantable de mantener viva la memoria de nuestros héroes, de compartir sus historias y de educar a las futuras generaciones sobre la importancia de valorar y respetar nuestra historia y a nuestros veteranos.
En esta oportunidad, también quiero expresar nuestro eterno agradecimiento a las familias de aquellos que hicieron el máximo sacrificio por nuestra patria. Su valentía y sacrificio nunca serán olvidados y siempre serán recordados con el más profundo respeto y admiración.
También debo agradecer a nuestros hermanos italianos que hicieron posible este reconocimiento en el Museo de Historia Militar de Vidotto en Jesolo – Venecia, a todos ellos mi gratitud.
Sin más, quiero agradecer a todos por acompañarnos hoy, por unirse a nosotros en este homenaje y por mantener viva la memoria de nuestros héroes.
Como reza nuestro himno nacional: ¡Coronados de gloria vivamos, o juremos con gloria morir!... ¡Viva la Patria!