31/05/2026
CONDENAMOS LOS FEMINICIDIOS DE AGOSTINA VEGA Y DE DULCE MARIA
Una niña menos en las aulas de nuestras escuelas. Una niña menos en las plazas de nuestros barrios haciendo nuevas amistades. Una hija, una nieta, una hermana menos compartiendo la mesa familiar...
Argentina sigue siendo el país donde birlar la vida de mujeres y niñas cuenta con la complicidad absoluta de un Estado que mira de costado la desesperación de las familias afectadas ante la desaparición de un niño, una niña o un adolescente.
Nuestro país se encuentra nuevamente sumido en la paradoja de que, a pesar de contar con los dispositivos institucionales para poner en resguardo la vida de nuestras infancias, a pesar de contar con marcos jurÍdicos que otrora fueron de avanzada en toda la Región Latinoamericana, hoy navega en la desestimación de la vida de las personas más vulnerables: los niños, niñas y adolescentes. Por eso, Argentina sigue siendo territorio hostil con los derechos humanos, porque se miran de soslayo la desaparición de las personas cuando se sigue negando en sedes policiales el derecho a denunciar que un niño o una niña falta de su hogar. Otra vez.
El feminicidio de Agostina en Córdoba nos vuelve a romper moralmente como pais.
Fue Feminicidio: porque el Estado no supo responder atinadamente y en orden de prioridades conjugando los dispositivos y los marcos jurídicos pertinentes. Fue Feminicidio porque correspondía al Estado activar el Alerta Sofía durante las primeras horas de la desaparición de Agostina, pero priorizó el despliegue de seguridad que demandaba un evento deportivo por sobre la vida de una niña y las reiteradas peticiones de su comunidad, porque en nuestro pais la desaparición de niños, niñas y adolescentes siempre tienen finales que duelen y causan perplejidad.
Fue feminicidio porque el captor y presunto asesino de Agostina contaba en su haber con condenas previas por violencia de género, muy específicamente por violencia sexual pero sin embargo desarrollaba sus actividades cotidianas sin pruritos, moviéndose libremente *sin que la comunidad conozca sus antecedentes*, porque como sociedad priorizamos el reaguardo de la identidad de un ex interno y condenado de un penal por sobre la seguridad y la propia vida de sus potenciales víctimas.
Ante la desaparición y muerte de Agostina en Córdoba y Dulce Maria en Misiones en una suerte de derroteros que incluyen violencia institucional, nos animamos a expresar que nuevamente el Estado falló, porque no supo -a tiempo- responder eficazmente en la búsqueda de ambas niñas y anticiparse al tráfico final que hoy nos enluta.
A pocos días de un nuevo 3J en Argentina, lamentamos un nombre más en la lista de las 86 mujeres y niñas que hoy, nos faltan.