02/02/2026
Cuidar los humedales, condición para un presente y un futuro habitables
Este 2 de febrero, Día Mundial de los Humedales, los colectivos socioambientales y bioculturales de la ribera bonaerense del Río de la Plata nos encontramos frente al negacionismo climático, el avance extractivo y la lógica del negocio inmobiliario, pero también frente a una decisión política reiterada: el congelamiento de la Ley de Humedales —con sus ya restringidos inventarios—, mientras los territorios se degradan. En una fecha que recuerda su valor, la omisión se vuelve daño.
Nos solidarizamos con quienes resisten la avanzada extractivista. Abrazamos a los pueblos de la Comarca Andina y del sur de Chile ante los incendios; a Mendoza y Andalgalá por la defensa del agua frente a la megaminería; a las asambleas por un Mar Libre de Petroleras y a los colectivos de Pueblos Fumigados que exigen agroecología frente a los agrotóxicos. Reiteramos la defensa del río Paraná ante el megadragado y la reprivatización, y de la Ley de Glaciares frente al avance minero multinacional. También rechazamos la privatización del agua y de los territorios costeros, así como las salmoneras y la intervención en el puerto de Ushuaia por intereses extranjeros.
Abundan los discursos institucionales de compromiso ambiental, pero persiste la indiferencia frente a formas de producción y acumulación que rompen las tramas ecológicas y sociales de las que depende la vida. Este desprecio atraviesa tanto al poder corporativo como a los distintos estamentos del Estado, habilitando por acción u omisión la destrucción territorial.
Como comunidades ribereñas, somos las primeras en sentir las consecuencias de este desprecio: inundaciones más frecuentes y violentas, pérdida de biodiversidad, deterioro de la calidad del agua, la salud, el trabajo y a las formas de vida que dependen del río y sus humedales.
Los humedales son ecosistemas complejos que regulan inundaciones y sequías, almacenan carbono, filtran contaminantes, alojan biodiversidad y sostienen modos de vida humanos y no humanos. Dañarlos es desarticular esas tramas. Cuidarlos es una condición material para un futuro habitable.