19/01/2026
Hoy me quedé en silencio, abrazando la nada,
con un amor capaz de sacarme la sonrisa más linda.
La nada, y a la vez todo.
En realidad no lo llamaría “la nada”, sino El Vacío.
La confusión está en que este vacío me muestra que nada de lo material puede entrar ahí. En mi caso, yo respeto y cuido el vacío. Es más: lo quiero hasta el infinito.
El vacío de tu ausencia, ese que la gente observa desde lejos y quiere tapar con cortinas. Cortinas hechas de frases como “ya vas a estar bien”, “tenés que superarlo” o la tan famosa “es cuestión de tiempo”.
Cuando moriste me quedó un vacío absoluto, un hueco.
Ese vacío que muchos quieren quitarme, pero que yo habito. Lo habito con los pies descalzos y una sonrisa achinada, pintada de emoción linda.
Por eso hablo de la nada y, a la vez, de todo: porque me siento despacito dentro de él y agarro el caleidoscopio de nuestra inmensa vida juntos y… uffff, menos mal que en El Vacío las lágrimas no forman mares.
Don Dolor siempre está ahí, cuidándolo también. Se queda sentado a mi lado, esperando que le toque su turno, mirando cómo en algo tan chiquito puede entrar tanto, tanto amor. Y cuando, uffff, a él también le toca, agarra las lágrimas de los dos y las transforma en regadera.
Lo loco es que en El Vacío las lágrimas suben y se vuelven arcoíris.
Y así nos turnamos para cuidarlo.
Y así lo respetamos, llamándolo por su nombre.
Porque existe.