18/07/2026
Las instituciones, y los prestadores que nos desarrollamos en el área de Discapacidad, muchas veces hacemos gestiones ante las obras sociales para procurar la continuidad del servicio a un afiliado.
Las familias son quienes tienen el vínculo jurídico con la obra social. Por eso hay gestiones que únicamente ellas o un representante legal pueden realizar.
No es una carga que los prestadores decidimos imponer sino una consecuencia de ser los titulares del derecho frente a la obra social.
Entendemos que toda esta situación genera mucho desgaste y valoramos las gestiones que todos realizan
Sin embargo, cuando se involucra a las familias, no es por el capricho de una colaboración a beneficio del prestador.
Cuando los prestadores agotan todas las instancias administrativas, el objetivo es resguardar, la continuidad de las prestaciones, y lograr que las obras sociales cumplan con sus obligaciones.
Y para ello, hay actuaciones que sólo la familia puede impulsar.
No se trata de “un favor” desde la familia hacia los profesionales
Se trata de ejercer los derechos que le corresponden como afiliados para proteger la cobertura de las prestaciones de sus hijos.
El desafío es promover la autonomía sin desconocer que muchas personas efectivamente han sido vulneradas en sus derechos. No se trata de negar que existan obligaciones del Estado o de otros actores, sino de evitar que esa realidad derive en una posición de inmovilidad.
No es fácil pasar del discurso de la queja al discurso de la acción.
El reconocimiento de derechos debe ir acompañado del fortalecimiento de capacidades y responsabilidades. Tener derechos no significa que otros puedan vivir la vida por nosotros. Los derechos abren oportunidades; ejercerlos requiere, en la mayoría de los casos, participación, organización y compromiso.
Los derechos son una herramienta, no un reemplazo de la iniciativa personal. Nadie puede recorrer por uno el camino que nos corresponde, aunque muchas personas e instituciones puedan acompañar.
Enfoquemos en el empoderamiento.
En mostrar el camino para que cada persona descubra sus propias capacidades para influir en su realidad.
Pasemos de la dependencia hacia la corresponsabilidad.
La clave está en sostener un equilibrio: “Tengo derechos que puedo exigir, pero también tengo capacidades y decisiones que solo yo puedo poner en marcha.”