Resistencia Peronista

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Resistencia Peronista Agrupación Politica que promueve y defiende la Doctrina Nacional Justicialista, para la Liberación Nacional y la Revolución Social. RESISTENCIA PERONISTA

01/07/2026

PERON

🇦🇷Ricardo Horacio IORIO🇦🇷
26/06/2026

🇦🇷Ricardo Horacio IORIO🇦🇷

20/06/2026
El Estado
18/06/2026

El Estado

"Todo reside en el Estado, y nada que sea humano o espiritual existe, y tanto a menos tiene valor, fuera del Estado. En este sentido, el Estado es síntesis y unidad de todos los valores, interpreta, desarrolla e incrementa toda la vida del pueblo.”
B.M.

El Estado, Órgano Comunitario:

El Estado nace de la exigencia de mando central de la comunidad a la cual es inherente. Con esto se quiere decir que el Estado se afirma al mismo tiempo que la comunidad a la que corresponde. No hay comunidad política sin Estado, puesto que el Estado constituye el imprescindible vínculo entre los grupos federados. Recíprocamente, el Estado es comunitario por definición puesto que siempre existe por necesidad de mando, sin el cual, la federación se disociaría o no se constituiría.

El mando no puede ser exterior al conjunto social del que es factor inmanente de unificación y para el cual, constituye así una necesidad vital. Es función comunitaria y, por el solo hecho de desempeñarla, el estado forma parte de la comunidad. Es la comunidad considerada en uno de sus aspectos esenciales y en uno de sus procesos fundamentales.

Puesto que el Estado no es nada sino en función de la comunidad, su autoridad no le puede pertenecer en propiedad ni surgir de su propia naturaleza. El poder que ejerce es, por lo tanto, el poder comunitario. Su existencia, su estructura y su dinamismo proceden de la función organística de mando por el cual la colectividad se impone a las tendencias divergentes de los grupos que la componen y cuya coherencia mantiene afirmándose con respecto a las comunidades autónomas que le están yuxtapuestas. El Estado, no manda a la comunidad, sino en nombre de la comunidad. El Estado tiene por papel el de dirigir los distintos grupos sociales que el estén subordinados, pero también el de guiar a la comunidad misma en el camino de su realización.

El Estado centraliza las informaciones que le llegan de los varios elementos constitutivos del cuerpo social. El Estado se interesa por la esencia dinámica de cada grupo en la medida en que representa un factor celular u orgánico de la vida comunitaria.

- Jacques Marie de Mahieu. El estado comunitario.

Doctrina Nacional Justicialista
18/06/2026

Doctrina Nacional Justicialista

Doctrina Nacional Justicialista.

Conceptos fundamentales

Las doctrinas son, generalmente, exposiciones sintéticas de grandes líneas de orientación, y representan, en sí y en su propia síntesis, solamente el enunciado de innumerables problemas; pero la solución de esos problemas, realizada por el examen analítico de los mismos, no pueden formar cuerpo en esa doctrina sin que constituya toda una teoría de la doctrina misma, así como también de ese análisis surgen formas de ejecución de esa doctrina y de esa teoría. Una doctrina sin teoría resulta incompleta; pero una doctrina o una teoría sin las formas de realizarlas, resultan inútiles; de manera que uno no ha cumplido el ciclo real e integral mientras no haya conformado e inculcado una doctrina, enseñado una teoría y establecido las formas de cumplir una y otra. J. D. Perón –

Los objetivos permanentes del justicialismo son la Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Nación. El Justicialismo es una filosofía de vida, simple, profundamente nacional, popular humanista y cristiana, que fijará tres banderas doctrinales, la justicia Social, la Independencia Económica y la Soberanía Política, posteriormente en 1974 se incorporara una 4ta, el Nacionalismo Cultural, ya que es necesario que haya arraigado en el pueblo una cultura Nacional para lograr los objetivos permanentes del Movimiento: la Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Nación.

Al decir filosofía de vida, osea una cosmovisión, nos está indicando que se trata de un sistema de pensamiento con sus valores y categorías, con su propia concepción del hombre, de la familia, del Estado, de la Libertad, de la Justicia, del Trabajo, de la Economía, de la organización social y política del Pueblo; y de una propia visualización del Mundo y sus relaciones. Al tratarse de una filosofía de vida popular y nacional, indica que se inspira en la experiencia propia del pueblo argentino en su búsqueda de afirmación de su proyecto como Nación. Y es también humanista y cristiano. El Justicialismo parte de un humanismo cristiano; cree en un hombre hecho a imagen y semejanza de Dios; en un ser portador de valores trascendentes y con una inmanente dignidad, acorde a la concepción religiosa que ha definido y caracterizado a nuestra cultura nacional.

Las 3 banderas del Justicialismo

Este nuevo sistema de pensamiento profundamente nacional, popular, humanista y cristiano, ofrecería a nuestro Pueblo tres banderas doctrinales que representaban, a su vez, aquella síntesis de lo social y lo nacional que encarnó el peronismo desde su nacimiento. En efecto las célebres banderas: justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política representan las reivindicaciones que signaron las primeras cuatro décadas del siglo XX en la Argentina, unidas por primera vez en un haz sintetizador. La Justicia Social orienta la solución de la problemática social derivada de la explotación del hombre por el hombre, pero fuera del esquema de la lucha de clases y del internacionalismo que planteaba el socialismo marxista. La Independencia Económica y la Soberanía Política, son banderas que representan la reivindicación nacionalista frente a la dependencia que sufría nuestro país frente al imperialismo y que viabilizaban la Liberación Nacional reclamada, sin endiosamientos al Estado, como planteaba el fascismo italiano, o a razas superiores como había pretendido el nacionasocialismo alemán. Un gobierno centraliza, un estado organizado y un pueblo libre. (19° verdad peronista)

La Tercera Posición Justicialista

Los dos grandes sistemas de pensamiento anteriores al justicialismo, el Individualismo Liberal Capitalista y el Socialismo ‘científico” clasista y estatista, estaban encarnados en el mundo de la postguerra (a partir de 1945), en dos grandes bloques geopolíticos e ideológicos antagónicos, que se habían mantenido Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, frente a las potencias del Eje (la Alemania del Tercer Reich, la Italia Fascista y el Imperio del Japón). La conclusión de la guerra con la derrota del Eje, en Europa con la ocupación de Alemania por las tropas aliadas, y luego en el Pacífico con la utilización de la bomba atómica contra las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki en Japón, abrirán una etapa de reacomodamiento geopolítico mundial que tendrá su formalización en las conferencias de Yalta y Postdam. En ellas los Aliados dividirán el mundo en dos grandes esferas de influencia: una bajo la hegemonía americana y otra bajo la soviética. También partirían Alemania en dos: Alemania Democrática al este y Alemania Federal al oeste. Berlín, la antigua capital del Reich, sería dividida y administrada por las fuerzas militares aliadas (norteamericanos, ingleses, soviéticos y franceses). Se levantaría el Muro de Berlín, símbolo de la división del mundo en dos grandes sistemas. Por primera vez en la historia de las civilizaciones dos grandes “imperios” surgirán como aliados de la guerra y “enemigos” de la postguerra, pero además por primera vez también, ambos bandos sostenían y defendían convicciones ideológicas antagónicas e incompatibles: las democracias liberales de desarrollo capitalista, por una parte y los socialismos de economías centralmente planificadas, por otra. El mundo parecía dogmáticamente alineado en uno u otro bando y practicaba uno u otro sistema ideológico, cuando en la Argentina nacía una nueva concepción filosófica y doctrinal, que a su vez proponía una visión geopolítica diferenciada, a partir de la revalorización del protagonismo histórico de los pueblos en sus luchas por la liberación nacional, de toda forma de imperialismo, y de viejas o nuevas formas del colonialismo.

En ese mundo dividido y alineado militar y estratégicamente, Perón levantaría el justicialismo como la Tercera Posición internacional, no como una posición a mitad de camino de ambos sino, por el contrario, como una propuesta superadora de los antagonismos ideológicos, a partir de una nueva concepción que realizaba en la práctica, con la legitimidad del apoyo mayoritario del pueblo argentino, los sueños de justicia, Libertad y Dignidad de todos los pueblos del mundo.

La primera posición era el individualismo liberal, triunfante a partir de la Revolución Francesa, sobre el que se apoyó el desarrollo del capitalismo industrial. Su consecuencia inmediata fue la ‘proletarización’ de los trabajadores y la generación de una natural reacción contra las formas de explotación inhumada que había implantado en las relaciones laborales.

La segunda posición sería la que representó a esa reacción contra la explotación: el llamado socialismo “científico” originado en los estudios y propuestas por Marx y Engels, que convocaban a la lucha de clases y a la solidaridad internacional de los ‘proletarios’ del mundo, sin barreras nacionales, para implantar la ‘dictadura del proletariado’ y comenzar la construcción del socialismo hasta llegar al paraíso comunista, donde no habría más clases ni explotación del hombre por el hombre, y ni siquiera Estado pues, desaparecería por innecesario, al ser concebido como simple instrumento de explotación, al servicio de la clase dominante: la burguesía capitalista. Al margen de los erróneos presupuestos sobre los que se desarrollaron ambas posiciones y de lo indemostrable de sus propuestas en el marco del devenir histórico, -que analizaremos más adelante; la realidad que generaron fue: la de la explotación del hombre por el hombre, en la primera y, el de la explotación del hombre por el Estado, con la consecuente pérdida total de la libertad individual, en la segunda.

La Tercera Posición o justicialismo, pretende la armonización de los derechos del individuo con los de la comunidad, con la intencionalidad de obtener la realización del hombre a partir de posibilitarle la efectiva práctica de sus virtudes y no, simplemente, dándole más bienes materiales.

El justicialismo implica una preocupación ética y moral. Para lograr un hombre virtuoso en una sociedad virtuosa, será menester asegurar a todos, la posibilidad de practicar aquellas virtudes que lo perfeccionen moralmente. Y ello es Posible sólo si se lo libera de aquellas ataduras materiales que le coartan la libertad, indispensable para que exista la responsabilidad que consienta la virtud del acto que practica.

NACIONALISMO CULTURALQueremos una comunidad que tome lo mejor del mundo del espíritu, del mundo de las ideas y del mundo...
16/06/2026

NACIONALISMO CULTURAL

Queremos una comunidad que tome lo mejor del mundo del espíritu, del mundo de las ideas y del mundo de los sentidos, y que agregue a ello todo lo que nos es propio, autóctono, para desarrollar un profundo nacionalismo cultural, como antes expresé. Tal será la única forma de preservar nuestra identidad y nuestra auto-identificación. Argentina, como cultura, tiene una sola manera de identificarse: ARGENTINA. Y para la fase continentalista en la que vivimos y universalista hacia la cual vamos, abierta nuestra cultura a la comunicación con todas las culturas del mundo, tenemos que recordar siempre que ARGENTINA es el hogar.

- Juan Domingo Perón. Modelo Argentino para El Proyecto Nacional. 1974.

15/06/2026

4 DE JUNIO DE 1846

PUNTA QUEBRACHO: LA OTRA BATALLA CLAVE DE LA SOBERANÍA NACIONAL

Por Revisionismo Historico Argentino

En los últimos años se ha comenzado a recordar y reivindicar, con justicia, la Batalla de la Vuelta de Obligado como un hito en la defensa de la soberanía argentina frente a las potencias extranjeras. Sin embargo, esa memoria sigue siendo incompleta si no se incorpora otra acción militar decisiva, menos difundida pero aún más contundente en sus resultados: la Batalla de Punta Quebracho.

El 4 de junio de 1846, apenas siete meses después de Obligado, la Confederación Argentina volvió a enfrentar a la escuadra anglo-francesa, esta vez no para resistir un avance, sino para castigar su retirada y dejar en claro que los ríos interiores no eran ni serían una vía libre para los intereses imperiales. Lo que allí ocurrió no fue un episodio menor ni un combate aislado, sino la confirmación práctica de una política soberana sostenida con decisión militar.

UN PAÍS EN CONSTRUCCIÓN Y UNA AGRESIÓN IMPERIAL

A mediados del siglo XIX, la Argentina aún estaba en pleno proceso de organización política y territorial. Bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas, encargado de las relaciones exteriores de la Confederación, el país sostenía una política firme de defensa de su soberanía económica y territorial. Esa postura chocaba directamente con los intereses de Inglaterra y Francia, que pretendían imponer la libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay, violando las leyes, los aranceles y la autoridad del Estado argentino.

No era la primera vez que lo intentaban. En 1838 Francia había bloqueado el Río de la Plata y, en 1845, ambas potencias volvieron a la carga con una poderosa flota de guerra. Su objetivo era abrir por la fuerza los ríos interiores para comerciar directamente con las provincias, sin pasar por Buenos Aires ni someterse a las normas argentinas. Detrás del discurso del libre comercio se escondía una política de subordinación económica que buscaba convertir a la Confederación en un territorio abierto a los intereses imperiales.

DE OBLIGADO A PUNTA QUEBRACHO

La Vuelta de Obligado, librada el 20 de noviembre de 1845, fue el primer gran enfrentamiento. Aunque militarmente desfavorable, tuvo un enorme impacto político y simbólico. Demostró que la Confederación no aceptaba pasivamente la intromisión extranjera y estaba dispuesta a resistirla aun en condiciones de inferioridad material.

Pese a ello, la escuadra anglo-francesa logró continuar río arriba hasta Corrientes. Allí comprobaron que el negocio no era el que esperaban: poco comercio, altos costos y una resistencia política y social mucho mayor de la prevista. La supuesta apertura de los ríos no generó la adhesión ni los beneficios prometidos, y la expedición comenzó a revelar su verdadero carácter de aventura imperial fallida.

Cuando emprendieron el regreso río abajo, cargados de frustración y con las naves desgastadas, los esperaba una defensa mejor preparada y decidida. La elección de Punta Quebracho como punto de ataque respondió a una decisión político-militar tomada en el ámbito de la gobernación santafesina, bajo la conducción de Pascual Echagüe, en coordinación con la política general de defensa sostenida por Juan Manuel de Rosas, y ejecutada en el terreno por el general Lucio Norberto Mansilla. El lugar elegido fue Punta Quebracho, sobre una barranca elevada del río Paraná, en lo que hoy corresponde a la zona de Puerto General San Martín, sobre las costas del río Paraná dentro del histórico pago de San Lorenzo, en la provincia de Santa Fe, a pocos kilómetros al norte de la actual ciudad de Rosario. Allí, el terreno y la estrategia jugarían a favor de la Confederación.

EL COMBATE DEL 4 DE JUNIO DE 1846

La defensa estuvo a cargo del general Lucio Norberto Mansilla, un militar con amplia experiencia, veterano de las invasiones inglesas y protagonista central en la Vuelta de Obligado. Mansilla eligió el terreno con precisión, aprovechando las barrancas naturales del Paraná para instalar las baterías y dificultar la respuesta naval enemiga.

La Confederación dispuso diecisiete cañones, unos seiscientos hombres de infantería, lanceros santafesinos y fuerzas de reserva. Frente a ellos, doce buques de guerra anglo-franceses, entre vapores y corbetas, equipados con la tecnología militar más avanzada del mundo.

El combate comenzó alrededor de las once de la mañana y se extendió por más de dos horas. Desde lo alto de las barrancas, el fuego argentino fue devastador. Los buques enemigos, obligados a navegar cerca de la costa, quedaron expuestos y sin capacidad de maniobra efectiva.

Junto a Mansilla, tuvo un papel decisivo el coronel Martín Santa Coloma, jefe político y militar del Departamento del Rosario, quien fue responsable de la organización territorial de la defensa, el aprovisionamiento de las baterías y la movilización de las fuerzas locales. Santa Coloma garantizó el apoyo logístico y humano indispensable para sostener el combate y expresó, desde el litoral santafesino, la adhesión concreta de las poblaciones ribereñas a la política soberana de la Confederación. Su actuación confirma que Punta Quebracho no fue solo una acción militar aislada, sino una empresa colectiva del federalismo argentino frente a la agresión imperial.

El resultado fue categórico: seis barcos seriamente dañados o inutilizados, decenas de bajas europeas y la retirada definitiva de la flota. Del lado argentino, las pérdidas fueron mínimas, lo que convirtió a Punta Quebracho en una de las victorias militares más claras de toda la guerra del Paraná. A diferencia de otros combates, aquí no hubo lugar para interpretaciones ambiguas: la Confederación se impuso de manera contundente.

UNA VICTORIA CON CONSECUENCIAS POLÍTICAS

Punta Quebracho dejó un mensaje que Inglaterra y Francia no pudieron ignorar. Quedó demostrado que la Confederación Argentina tenía la decisión y la capacidad de defender sus ríos y su soberanía. A partir de ese momento, la intervención militar extranjera perdió toda viabilidad.

El conflicto se cerró finalmente por la vía diplomática. En 1849 Inglaterra y en 1850 Francia firmaron tratados en los que reconocieron el derecho argentino a ejercer control soberano sobre sus ríos interiores, levantando el bloqueo y aceptando las condiciones impuestas por el gobierno de Rosas. La victoria militar de Punta Quebracho fue un factor decisivo para alcanzar ese reconocimiento internacional.

EL SILENCIO NO FUE INOCENTE

A pesar de su importancia, la Batalla de Punta Quebracho fue deliberadamente silenciada durante décadas. No se trató de un olvido casual ni de una simple omisión historiográfica. Fue una decisión política e ideológica de la historia oficial liberal, incómoda frente a una victoria tan clara del rosismo contra las potencias imperiales.

Punta Quebracho no ofrecía margen para relativizar derrotas ni para construir relatos de resignación. Demostraba que la Argentina, bajo un proyecto nacional soberano, podía vencer militarmente a Inglaterra y Francia. Por eso fue reducida a una mención secundaria, cuando no directamente excluida de manuales, programas educativos y conmemoraciones oficiales.

MEMORIA, OLVIDO Y REIVINDICACIÓN

Recién en 1939 se colocó una cruz de quebracho en el lugar del combate como primer homenaje. Décadas después, al privatizarse los terrenos, la cruz debió ser trasladada. Finalmente, en 1999, el sitio fue declarado Lugar Histórico Nacional.

Hoy, en la zona de Puerto General San Martín, esa memoria persiste de manera discreta, esperando ser plenamente incorporada a la conciencia nacional y al relato histórico argentino, no como un episodio menor, sino como una victoria central en la defensa de la soberanía.

UNA LECCIÓN QUE SIGUE VIGENTE

Recordar Punta Quebracho no es un ejercicio nostálgico ni una reivindicación arqueológica. Es una herramienta para pensar el presente. Los ríos siguen siendo arterias estratégicas del comercio, la economía y el control territorial. Las discusiones actuales sobre quién los administra, bajo qué normas y en beneficio de quién, remiten directamente a aquel conflicto del siglo XIX.

Punta Quebracho enseña que la soberanía no es una consigna abstracta, sino una práctica concreta. Sin decisión política, sin control de los recursos estratégicos y sin capacidad de defensa, no hay nación posible. Incorporar esta batalla a la memoria colectiva no es solo un acto de justicia histórica, sino una condición necesaria para pensar una Argentina verdaderamente soberana, ayer y hoy.

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Titular: Damian Leandro Zanni

¡MALVINAS ARGENTINAS!
14/06/2026

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