19/06/2026
Hay despedidas que duelen porque, aunque sabemos que algún día llegarán, nunca estamos preparados para ellas.
Hoy nos toca despedir a Paolo.
Paolo fue uno de esos caballos que dejan huella.
De esos que, aun después de haber conocido el abandono, el dolor y las limitaciones de un cuerpo, seguía buscando una caricia, una mirada amiga, una razón para seguir adelante.
Durante los últimos días, Paolo había comenzado a mostrar signos de deterioro. Su movilidad, ya limitada por los años y sus patologías que venía arrastrando desde hacía mucho tiempo, fue empeorando progresivamente.
El Dr. Corse siguió de cerca su evolución y lo acompañó en cada etapa, intentando brindarle la mejor calidad de vida posible.
Pero ayer su estado llegó a un punto límite.
Paolo ya no lograba incorporarse por sus propios medios y había perdido prácticamente la movilidad de sus patas traseras.
Su cuerpo, después de tantos años de lucha, ya no podía sostenerlo.
Y cuando llega ese momento, cuando el dolor pesa más que las posibilidades y el cuerpo deja de responder, el acto de amor más grande que podemos ofrecerles es acompañarlos y dejarlos partir en paz.
Por eso, con profundo dolor, se tomó la decisión de ayudarlo a descansar.
Porque amar también es saber decir adiós cuando quedarse significa sufrir.
Nos queda el consuelo de saber que sus últimos años fueron distintos.
Que conoció el pasto bajo sus patas, el sol sobre su lomo, los cuidados, la tranquilidad y el respeto que todo animal merece.
Que tuvo una familia que lo acompañó, que se preocupó por él y que estuvo presente hasta el último instante.
Y nos gusta imaginar que, al cruzar ese último horizonte, no estuvo solo.
Que del otro lado lo esperaban.
Sus compañeros que partieron antes y que seguramente salieron a su encuentro.
Porque allá no existen los cuerpos cansados ni las patas que ya no responden.
No existe el dolor.
No existen las heridas.
Solo campos infinitos, pasturas verdes y una manada que vuelve a reunirse.
Paolo volvió a correr libre.
Volvió a moverse sin limitaciones.
Y volvió a sentir el viento sobre su rostro y el sol sobre su lomo.
Y que, de alguna manera, todos aquellos que alguna vez compartieron el camino con él fueron a recibirlo.
Buen viaje, Paolo.
Gracias por cada enseñanza.
Gracias por tu fortaleza.
Gracias por habernos permitido acompañarte hasta el final.
Corré libre.
Nosotros vamos a extrañarte.🕊️💜